Opinión

¿Quién es el tonto, quién es el burro?, por Umberto Jara

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Por Umberto Jara

Le decimos inepto, ignorante, analfabeto, burro. Pero ya cumplió un año en el gobierno. No disfraza su desprecio por la democracia ni su vocación por lo corrupto. Esta mañana se publicó una fotografía en la que Pedro Castillo aparece junto a un delincuente al interior de la casa de la calle Sarratea, donde solía despachar asuntos ilegales.

La fotografía es exactamente igual a la que se tomó con el ex presidiario y actual cómplice Zamir Villaverde. Esta vez aparece, también en actitud victoriosa, junto a Fritz Moreno, financista de sicarios para ejecutar asesinatos. Pero a nadie parece preocuparle la amistad de un presidente de la República con delincuentes. Todo parece normal. Y va camino al segundo año de gobierno.

Nadie hizo caso a las alertas cuando apareció Zamir Villaverde, luego sindicado como el operador de la red de corrupción instalada en el MTC. En cuanto a Fritz Moreno, capturado esta madrugada y presentado por el jefe de la DIVIAC —protector de Castillo— como un simple jefe de una banda dedicada al robo de autos de lujo sin ninguna mención a los asesinatos que lo envuelven.

En marzo el programa Panorama ya había alertado sobre la existencia de Fritz Moreno y en julio del año pasado, este sujeto asistió a la reunión con Castillo junto a Heydi Juárez, congresista de APP, el partido liderado por César Acuña, aliado y salvador de Pedro Castillo cada vez que se planteó su vacancia. Son rastros que unen a la política y la delincuencia pero nadie prestará mayor atención.

Aunque riamos escuchando aquello de “una tarde un niño llevaba un pollito”, Castillo y su entorno tienen una estrategia. Torpe, llena de tropiezos pero estrategia al fin. La primera pieza es el uso eficaz de la mentira y las justificaciones a través de la mentira. El profesor de Oxford Daniel J. Levitin en su libro “La mentira como arma” explica que estamos rodeados de noticias y datos falsos porque se ha instalado la táctica de difundir, como si fuera real, información deliberadamente errónea para conseguir audiencias que terminan creyendo en las mentiras gracias al alud de las redes sociales o la complicidad o desidia de los medios de comunicación.

Es un recurso que utilizan Pedro Castillo y su banda presidencial. Lanzan rumores, fingen renuncias, simulan peleas y quiebres, argumentan con datos falsos y crean la sensación de supuestas verdades. ¿Por qué tiene éxito en el uso de la mentira? Porque hemos perdido el sentido crítico, la capacidad de razonar, de evaluar; además, el periodismo ha claudicado en la esencial tarea de investigar. Difunde pero no investiga; difunde pero no analiza. Contribuyen con la mentira. El ejemplo más nítido y reciente ha sido la falsa renuncia del primer ministro Aníbal Torres. En lugar de prestar atención a la frase inicial de la falsa carta que, en ningún lado, tenía la palabra renuncia sino la escueta frase “pongo mi cargo a disposición”, todos se lanzaron a anunciar la “renuncia” del Premier que ahí sigue, sonriente, en el cargo del cual nunca se quiso alejar.

La segunda pieza de la estrategia construida por el entorno de Castillo, es aprovechar el enorme error que el país oficial ha instalado: creer que Castillo respeta la legalidad y que se le debe enfrentar desde las normas. Se le pide una renuncia sin entender que equivale a pedirle al hereje que se comporte de acuerdo a la Biblia. Exigen que el Congreso aplique la vacancia y se ponen a contar votos que no existen y eso trae al recuerdo la frase de Mark Twain: “Imagina que eres un idiota y suponte que eres un miembro del Congreso. Perdón, me estoy repitiendo”.

Ha pasado un año y no se entiende a plenitud que Castillo y su banda usan las reglas democráticas cuando les conviene y las pisotean cuando molestan a sus objetivos. No les interesa la democracia. Entonces, no se puede combatir a Castillo con las reglas que él no utiliza, ni desea ni respeta. Esa batalla la está ganando. Si un ladrón ingresa a la casa ¿se le pide con educación “Señor ladrón por favor retírese porque está vulnerando el derecho a la inviolabilidad del domicilio reconocido en la Constitución de la República?”. Ese desatino estamos cometiendo día a día. Y ya inició su segundo año de gobierno.

El problema es grave porque Castillo ya se ha apropiado de las instituciones esenciales. Tiene el Poder Ejecutivo; cuenta con el Poder Legislativo dispuesto a protegerlo evitando la vacancia; tiene al Ejército y a la Policía; a un sector del Ministerio Público —el rol de la nueva Fiscal de la Nación por ahora es verbal pendiente de acciones—; y cuenta con el apoyo de la mayoría de los medios de comunicación cuyo rol es comportarse como críticos opositores en situaciones sin relevancia y tibios o silenciosos cuando asoman verdaderas razones que, si fueran parte de una campaña sostenida, pondrían fin a este capítulo fatal de nuestra historia. Y, de paso, Castillo se da el lujo de agraviar al periodismo. Quiere total obsecuencia.

Todos hablan de la caída de Castillo y es tan solo una sensación. La encuesta de Datum realizada el 3 de agosto, muestra, tras un año de escándalos y corrupción, un respaldo de 30% en el empobrecido sur y 22% en el relajado Oriente. Punto para Castillo.

Caerá, si cae, por algo inesperado que no sabemos qué será ni cuándo ocurrirá. En eso damos vergüenza. Nos lo ha recordado el periodista de CNN, Fernando Del Rincón. Aunque nos pongamos la camiseta blanquirroja somos una vergüenza. Aquí estamos contemplando a un presidente que niega ser cabecilla de una organización criminal mientras aparece fotografiado con dos prontuariados. ¿Quién es el tonto, quién es el burro?

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