Opinión

Pueblo y Fuerza Armada

Lee la columna de Tino Santander Joo.

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Por Tino Santander Joo

Un soldado cusqueño, el General David Guillermo Ojeda Parra, comanda el Ejército del Perú.  Por sus venas corre la sangre de los guerreros incas y de Tupac Amaru, precursor de la independencia americana. Se formó en el colegio Militar Leoncio Prado y luego en la Escuela Militar de Chorrillos y fue uno de los primeros de su promoción en identificarse con el Tayta Cáceres. Es un infante que ha servido en todo el Perú. Ha combatido en el Cenepa y sus compañeros de armas reconocen su liderazgo ético. No es el militar ramplón que busca enriquecerse, sino la gloria de servir a su país.

Miguel de Cervantes, en el “Quijote de la Mancha”, afirma que los soldados son los caballeros andantes que salen en busca de la libertad y la justicia al servicio de su república.  El ejército es el pueblo en armas que integra a todos los peruanos que tienen diversas formas de amar a la patria.  Las voces esquizofrénicas que quieren dividir al Perú; aquellos que pretenden mantener las injusticia sociales y económicas serán derrotadas por el pueblo en armas.

El pueblo peruano se ha rebelado contra los privilegios de los que detentan el poder; un gran sector de la población marcha iracundamente por las calles expresando su hartazgo por el sistema imperante; la inmensa mayoría apoya la rebelión en silencio y en sus casas. El Perú, esta hastiado de los congresistas que desafían al país con su mediocridad intelectual, su vulgaridad política y, su servilismo a los grupos de poder económico.  La rebelión se justifica y la clase política no quiere ver el repudio nacional.

El General Ojeda, sabe que no se trata de restaurar el orden de las injusticias y de los privilegios del congreso, de los fiscales y sus pactos comerciales con los bancos, de los jueces al servicio de los poderosos, menos del estado capturado por una oligarquía financiera que promueve el terror entre los peruanos. No se trata de disparar a discreción para restaurar el orden fujimorista que proclaman algunos demócratas al servicio de los monopolios.

El ejército, sabe que el pedido de una asamblea constituyente es una demanda simbólica que expresa que tenemos que acabar con la ley que está al servicio de los poderosos; que cerrar el congreso es enmendar un error doloroso que cometimos al elegir; que somos culpables del fracaso de los partidos políticos que se han convertido en grupos de aventureros mafiosos. Que las reformas políticas y electorales son una farsa por su concepción burocrática y fantasiosa.

Las Fuerzas Armadas, no pueden estar al servicio de los enemigos de la patria, de aquellos que en nombre de la libertad económica defienden el monopolio farmacéutico, los contratos leoninos como el de Camisea, y aceptan la prepotencia y soberbia de los grandes grupos empresariales.  Si la Fuerza Armada, no entiende está rebelión popular, entonces la violencia política se va a generalizar.

Las marchas por la paz; por el cierre del congreso; por el adelanto de elecciones inmediato; por la defensa de la propiedad y la vida que promueven diversos sectores de la sociedad expresan la ansiedad por resolver la crisis. La inmensa mayoría silenciosa no quiere restaurar el orden fujimorista que los partidos tradicionales de izquierda y derecha quieren mantener soterradamente.  La historia y las hazañas del pueblo en su lucha por la democracia y la justicia social dejan una lección que las Fuerzas Armadas están en la obligación de honrar.

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