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PLAGIO PSICOMOTOR DEL RAS TAS TAS

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A mediados de los 70, el vinilo Live! de Afrika 70 con Fela Kuti Anikulapo y Ginger Baker corría de mano en mano como si fuera pan caliente. La mezcla de timbales, tambores, batería y demás percusión, traían un nuevo sonido híbrido del africano tribal con la estridencia del rock, una batahola que invitaba al baile, la sensualidad y el desenfreno. Los críticos lo llamaban el afrobeat, una fusión de jazz con funk, psicodelia y sonidos subsaharianos cuya influencia en América y más en Sudamérica (hermanos del otrora continente Gondwana, predecesor místico-terrenal de la música negra) abarcaría otros géneros como la bachata, la música brasileña, el hip hop, el reggaetón o la salsa en sus diferentes subgéneros que han ido apareciendo especialmente en Cuba, Colombia y el Caribe.

Después de casi 40 años, la aparición de la salsa urbana y su “evolución” Salsa Shoke, y, en especial, el Ras Tas Tas del Cali Flow Latino, cuya sobreexposición en el último mundial de fútbol ha vuelto de moda los timbales, el cencerro, la batería y la percusión en general (lo percutivo o lo que se golpea), no deja de sorprendernos; aparte del baile viral con tecnicismos del breakdance y demás danzas urbanas. Pero, curiosamente, en esta canción colocha, se encuentra mucho parecido con el primogenio  Afrika 70, aquel grupo conformado por una troupe de músicos que emulaban las festividades y/o festejos antediluvianos ante la caza o las épocas de lluvia.

Antes que nada, quisiera apuntar que el Ras Tas Tas ya ha sido acusado de plagio en relación a la canción Move Bitch de Ludacris, tema aparecido en el año 2001 y versionado en el 2009. Y es casi irrefutable la demanda, solo basta escuchar los primeros 30 segundos de la canción del rapero estadounidense. Los músicos de Cali Flow han dado declaraciones afirmando que el “parecido” de su canción está dentro de los ocho compases permitidos por la ley y que ya han hablado (léase pagado y/o acordado) con la disquera de Ludacris. Hecho que no sería ningún escándalo en sí, ya músicos como George Harrison con The Chiffons y My Sweet Lord, Madonna con Abba y Gimme Gimme Gimmi, o Led Zepellin con Spirit, la banda de Randy California, y Stairway to Heaven, etc., han pasado por el asunto del plagio y no siempre han salido victoriosos.

No obstante, lo más interesante es que la pieza de Cali flow Latino tendría un antecedente bastante probable, si uno se fija en su ritmo, la cadencia o psicomotriz instrumental (lt. motor-is, motor, movimiento; gr. psykhé, alma), y, curiosamente, también la letra o su interpretación, lo que se dice sin decir o lo que se insinúa. En Let’s Star, el tema que abre Afrika 70, Kuti dice en su traducción al español: “Hagamos lo que hemos venido a hacer en esta habitación. Uno, dos, tres”. (La sugerencia erótica también manifiesta en el Ras Tas Tas o un, dos, tres o las palmetas o spankins que se propinan en el acto amatorio). No olvidemos que Kuti  estaba rodeado de una mística erótica sorprendente y había contraído matrimonio con 27 mujeres antes de fallecer víctima del sida en 1997.

Si ponemos atención en estos dos temas, Let’s Star y Ras Tas Tas, se encontrarán con la sorpresa de que hay demasiadas similitudes rítmicas y melódicas que subyacen desde sus estructuras. Por ejemplo, en la canción de Fela Kuti hay un intervalo repetitivo entre las notas (para este caso nos hemos valido del piano) A (la)-22 y G (sol)-20, mientras que en la canción del Cali Flow el intervalo está entre las notas A (la)-34 y G (sol)-32. Lo cual nos hace pensar que sería demasiado ingenuo pensar que solo se trata de una “influencia”. Además que los tiempos son idénticos, aunque en la salsa shoque hay una subida en la escala, o sea una octava más; pero una “la” aguda o grave sigue siendo “la”. Y es difícil ocultar un plagio solo subiendo o bajando de octavas.

Finalmente, es cierto que no podemos asegurar al 100 % si un tema es copia identitaria de otro, en particular por los cánones establecidos internacionalmente y que cada vez son más complacientes con los músicos del mainstrean o los productores de divertimentos masivos. Recordemos que hasta hace poco se hablaba de seis compases como mínimo para acusar de hurto intelectual a una canción, ahora se ha establecido en ocho compases y es probable que esta permisividad siga en aumento. No obstante, es bueno saber que cuando las influencias son rastreables o muy notorias, es porque el artista, grupo o dúo –como es este el caso– no ha logrado construir una personalidad que le es propia o no le interesa “diferenciarse” sino solo “samplear”, “clonar” o darle vuelta a lo ya creado para “recrear” o adaptar obras de terceros. En todo caso, dejo aquí las tres canciones (y en especial ese Afrika 70 que alguna vez le sirviera de cortina musical a “TV Rock” de nuestro amigo “Cucho” Peñaloza), cada oyente podrá construir su propio imago o convertir, si quiere, el plagio en un homenaje (Bryce Echenique dixit).

Nota: este servidor agradece las opiniones del músico Daniel Ramírez Martins.

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