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PLACERES ONÍRICOS

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BRINDEMOSLE UNA SONRISA

Luis  Chávez A.


Un día el pequeño Luis tuvo una de las experiencias más injustas que le pudo deparar la vida. Él andaba deslumbrado con las innumerables aventuras que vivía día a día con el grupo de amigos que tenía. La edad de ellos fluctuaba entre los 9 y 11 años, pero aún así, ya se daban abasto para juguetear casi todo el día por las calles. Las mamás paraban histéricas por no saber algunas veces el paradero de sus pequeños; la mamá del pequeño Luis era muy dedicada a los cuidados de él, pero casi no podía controlar sus escapadas, pues pese a tener de todo en casa ( televisor, juegos, muchos juguetes, golosinas, etc.) prefería el trajinar callejero en compañía de la “patota”. Ellos eran una especie de “La Pandilla” (La antigua serie estadounidense) pero reinventados.

Hasta que llegó ese antipático día. Muy cerca de donde ellos vivían había muchas casas con extensos jardines exteriores, aunque muchos de ellos se encontraban muy descuidados, y a veces abandonados. Pero esa vez, el grupo de amigos era reducido. Únicamente estaban Freddy, Martin, Ronald, que era el menor de todos y recién había llegado al barrio procedente de Tarapoto; y obviamente el pequeño Luis. Ellos en una nueva aventura, se adentraron a un jardín que era público, pero que tenía cerco perimetral, compuesto de dos filas de alambres con púas que estaban muy al ras del suelo,  y a un costado de éste, específicamente sobre la grava, había una especie de rejilla que protegía un pequeño motor (electrobomba) sobre el cual al parecer existía una fuga de agua, pues estaban prácticamente sobre una laguna, de la cual se divisaban gran cantidad de renacuajos (pequeños anfibios).

Los improvisados “cazadores” se peleaban entre ellos por los embriones, y en un momento inesperado por un lateral del jardín se apareció Juan, un muchacho de dieciocho años, que por cierto era muy bajo de estatura, pero eso sí, de gran musculatura, pues ya estaba metido en el tema de las pesas, y además hacía el servicio militar en la Marina. El venia del brazo de su enamorada que se llamaba Sara y era nada menos que la hermana mayor de Martin, pero al parecer al joven “tropa” le dio un afán de figuración frente a su chica, y en un arranque de querer hacer prevalecer su poder, del más fuerte hacia el más pequeño; les lanzó un grito para que desalojaran el lugar, que ni siquiera era de su propiedad, y ante el caso omiso de los pequeños, y con palabras soeces, dejo a un lado a la enamorada, y se lanzó de un pique hacia ellos, los cuales sin perder más tiempo, emprendieron la retirada corriendo; pero como dicen, siempre hay alguien “Que paga el pato” y en éste caso le tocó pagarlo al pequeño Luis, quien pese a ser el primero en la huída, al momento de terminar el último trecho del extenso jardín, no se percató del casi invisible alambre del cerco y una de sus zapatillas tropezó con él. El resto de la pandilla se perdió en los alrededores y Luis quedó tendido en el suelo algo lastimado, pues cayó de pecho y quedó boca abajo. Sin mayor esfuerzo Juan lo levantó cogiéndolo y jalándolo de la camiseta, y sin ninguna explicación le propinó una tremenda trompada en la cara, que el niño de tan solo diez años acabó casi inconsciente y ensangrentado.
Finalmente el bravucón, se volvió triunfante hacia su enamorada y prosiguió su camino.

A partir de allí, y pese a la corta edad que tenía, el pequeño Luis entendió el grado de abuso que ejercían los más poderosos hacia los más débiles y también se prometió no dejarse vulnerar nunca más con alguien más poderoso que él.

Muchos de nosotros hemos tenido una niñez interesante viviendo a plenitud cada etapa de ella, pero muchos otros, la tuvieron difícil, pues en muchos casos no existió la figura paterna y materna que por lo general ayudan muchísimo en la correcta formación de un niño. Además tenemos el flagelo de la pobreza extrema, que existe en mayor grado, en los lugares más recónditos del país, del cual no tenemos ninguna idea, y en donde los más victimados son los niños. Por otro lado, se sabe que mundialmente hay un Día del Niño, el cual se estableció el 20 de noviembre de 1959 por la Asamblea General de las Naciones Unidas, por ello universalmente cada país fijó su día de celebración para los niños, y en el caso del Perú, por tradición se celebra la tercera semana de Agosto de todos los años, aunque en el año 2002 según Ley 27666 del congreso de la República, se estableció como “El Día del Niño Peruano”, la segunda semana de Abril, aunque tal fecha no tiene mayor trascendencia frente a la del mes de Agosto.
También creo que debemos ser hidalgos en reconocer que en los últimos años en el Perú han descendido las cifras de desnutrición crónica infantil según las últimas mediciones utilizadas por la OMS (Organización Mundial de la Salud). Además  también en los últimos nueve años decreció la mortalidad infantil, sobre todo en las zonas rurales, aunque en éste año el friaje de las zonas más heladas, continúa cobrando muchas víctimas menores.

Sabemos que actualmente existe un Plan Nacional de Acción por la Infancia y la Adolescencia 2002-2010, y esperamos que el Mindes (Ministerio de la Mujer y Desarrollo Social) al margen de ejercer políticas de acuerdo al gobierno de turno, continúe ejerciendo sus labores sociales en favor de la niñez y de los más desprotegidos.
A continuación quiero recordar Los Derechos del Niño, por si alguien de nosotros no lo tomamos en cuenta:

– Derecho a la igualdad sin distinción de raza, credo o nacionalidad.
– Derecho a una protección especial para su desarrollo físico, mental y social.
– Derecho a un nombre y una nacionalidad.
– Derecho a una alimentación, vivienda y atención médica adecuada para la madre y el niño.
– Derecho a una educación y cuidados especiales para el niño física o mentalmente disminuido.
– Derecho a comprensión y amor por parte de los padres y la sociedad.
– Derecho a recibir educación gratuita y a disfrutar de los juegos.
– Derecho a ser el primero  en recibir ayuda en caso de desastre.
– Derecho a ser protegido contra el abandono y la explotación en el trabajo.
– Derecho a formarse en espíritu de solidaridad, comprensión, amistad y justicia entre los pueblos.

Sólo me queda mencionar que si bien ya existe, un Día Del Niño, sea en el mes de abril o en el mes de agosto; deberíamos celebrarlo todos los días del año, ¿cómo? Simplemente respetando y protegiendo sus derechos, y no llegar a cometer abusos contra ellos, como suele pasar cotidianamente.
Y si en algún momento nos topamos con alguno de ellos en alguna esquina, esperando que cambie la luz roja; es probable que no le podamos dar alguna moneda por múltiples razones personales, pero sí, mostrémosle una sonrisa, y no un rostro adusto que desaprueba todo de ellos. Pues es de seguro que un niño cuando recibe una sonrisa de un adulto, recibe una pequeña dosis de aliento y esperanza.

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