Opinión

¿Partidos políticos con intelectuales o con delincuentes?

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Por Rafael Romero

Obviamente que un partido político no se construye con delincuentes sino con intelectuales, y sobre todo con gente proba y con ideales superiores. Lamentablemente en el Perú las “maestrías” y los “doctorados” se han mal utilizado para tomar el Estado y saquearlo.

Al mismo tiempo los mismos sujetos -o dizque “tecnócratas”- que procesan, amañan, proponen y dictan las normas dentro de las instituciones son, precisamente, esos seudo “doctores” y “maestros” que solo han logrado, sobre la base de tecnicismos, leguleyadas y formalismos, acomodar las cosas en su beneficio o construir finos y sofisticados sistemas de corrupción e impunidad.

Esta triste realidad es fácil de comprobar en todo el aparato estatal. Pero lo curioso es que los medios de comunicación convencionales o tradicionales hacen los más grandes esfuerzos, quizá “sin querer queriendo”, para que esa inmoralidad pública generalizada se mantenga en el tiempo y acaso prime al punto tal de no encontrarle salidas al problema.

Es decir, la denominada “gran prensa” no se ve interesada en cambiar este grave defecto de la risible democracia peruana. Por el contrario, directa o indirectamente, la promueve con el pobre nivel de sus contenidos y al no ser sincera ni facilitar la participación de gente de valía que sirva de recambio frente a la costra de farsantes que solo le venden humo al Perú, redundando aquel poder mediático en brindar sus espacios a los corruptos de siempre.

Igualmente, en el caso de los altos sectores del empresariado peruano, estos no apuestan por una renovación generacional y terminan siendo furgón de cola de los medios de comunicación, pues no piensan más allá que del dinero, dinero y más dinero.

Por eso es que los “propietarios o dueños” de los “partidos políticos”, aquellos fundados en las últimas tres décadas, hoy se encuentran felices y de cara a un medio ambiente propicio para sus bajos intereses (personalistas o de grupo), pues si no existen medios de comunicación ni gremios empresariales a la altura de los problemas del país, lógicamente en ellos solo va a primar la mediocridad, “el negocio de la política” y de la corrupción “Rolex” que lacera todos los niveles de la administración pública.

El tema es muy profundo y se debe a una renuncia de muchos representantes de la clase política y “dirigente” del Perú, renuncia al esfuerzo por construir verdaderas organizaciones políticas, aquellas que sí deberían responder a una auténtica base filosófica, a una sincera ideología y un claro pensamiento político sobre la realidad nacional e internacional.

Pero hoy cualquier hijo del vecino se cree con la capacidad de fundar una organización política, o piensa que, porque fue parlamentario, tiene el camino abierto para inventar otra entidad electorera que lo haga millonario con la venta de escaños (incluyendo los del Senado recién creado), amén de pasar el sombrero sabe Dios a que extraño u oscuro financista que también tendrá voz y voto dentro de su seudo partido político.

Aquellos son los que ven la política como vil negocio y son personajes que creen que con dinero se puede hacer un partido político de la noche a la mañana, reduciendo el tema a una vulgar “inversión”, incluso así sea traicionando o vendiendo a la patria.

Bueno, preciso, esa gente con dinero propio o prestado podrá hacer cualquier bodrio menos un partido, podrá construir una nueva mafia, un nuevo grupo electorero, un vientre de alquiler o una cooperativa de tránsfugas, pero jamás podrá construir un partido político, y ese es el drama nacional.

Por tanto, los medios de comunicación, los gremios empresariales, la golpeada y casi inexistente clase media y los sectores populares pensantes tienen que pasar a la acción con el objetivo de impedir que el Perú continúe dentro de ese círculo vicioso donde los corruptos de siempre se reciclan bajo el pobre nivel crítico de “la gran prensa”, quedando en manos de delincuentes el municipio, el ministerio, el Congreso y la administración pública, es decir, dejando de lado a la gente educada en valores y formada en cultura política.

Finalmente, agradecería que me informen acerca de quiénes son las personas que, salvo Ricardo Belmont, desde el Partido Cívico Obras, o José Antonio Torres Iriarte, desde el Partido Aprista, están luchando para salir de esa argolla de corrupción; quisiera que me documenten acerca de quiénes son esos buenos ciudadanos que vienen hablando, promoviendo, alentando y haciendo proyectos para que los intelectuales y la gente formada en filosofía y en las ideas políticas se active, ingrese y forme parte estratégica en un partido político.

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