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Miserias estelares de la humanidad. Sobre Polvos de estrellas, de David Cronenberg

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UNO. Si no le pido a Cronenberg lo máximo que puede darme Cronenberg, estaré entonces en las mejores condiciones para disfrutar de esta película de David Cronenberg. ¿No es triste? Puedes llamar a esto complicidad con un director que te ha dado mucho con sus películas y a quien ya no le pides mucho más que pequeñas y modestas variaciones de lo conocido, en vez de decirle oye ya pues lánzate de cabeza a la exploración de nuevo, como cuando empezaste… es como algún tipo de relación que ocupa un lugar y cumple una función… Una actitud netamente ‘conservadora’ -conservacionista podría sonar mejor-.

DOS. Para empezar, creo que el término comedia, incluso el de comedia negra, no encaja aquí. A Cronenberg no le interesa el lado más soleado de la vida, al menos en sus películas. Es cierto que necesita un fondo mientras más oscuro mejor, para moverse a placer. Una historia de incesto y autodestrucción, en este caso. Ahí ya ves una suerte de variación de los gemelos Mantle si quieres. Te bastará observar el parecido físico entre marido y mujer -los padres de ese par de mutantes, la desfigurada y la ‘figura’-aún antes de recibir la información argumental que se develará después, para sentir ese ‘algo que no te gusta’ (que es lo que te gusta de Cronenberg).

TRES. Pero el tratamiento está situado en el universo (es obvio que Lynch lo hizo muchísimo mejor y más profundamente en Mulholland Drive e Inland Empire) de las amadas estrellas de cine, explicitando lo asquerosamente repulsivas que son.La visión, necesariamente no muy empática con ellos, anuncia de algún modo qué nos espera hacia el desenlace:un panorama ¿liberador? de cucarachas humanas aplastadas. Aunque la apertura de créditos de la película, al igual que el final, alude menos a las llamadas estrellas de cine que a una dimensión poética y filosófica sobre la que reflexionaré en un momento.

Hay un arsenal que le permite a Cronenberg ir dejando regadas sus marcas de autor. Observa por ejemplo las caras de los dos niños, el que ‘le roba la cámara’ al actor de 13, y al hijo de una actriz que le gana el papel al personaje de Julianne Moore. Por cierta seriedad y gravedad y hermetismo piensas que hay una potencia oscura pronta a manifestarse (recuerda los niños monstruosos de Thebrood, por ejemplo). Cronenberg puede darle un toque Cronenberg a un material que tiene que ver con él. Sí, pero que no siento (lo siento) que sea lo más suyo. Una ausencia, una opacidad en medio de la firma de autor.

CUATRO. Mientras internet nos hace sentir pequeñas estrellas en el horizonte poco heroico de nuestros respectivos narcisismos a punta de actualizaciones de ‘selfies’ de texto o imagen, nos vamos pareciendo más y más a los personajes descritos. El sueño de ser estrella se ha deslizado y democratizado hacia una interioridad deforme que sabe cada vez menos de lo que no sea ella misma y su incestuosa estrechez.

¿Somos como ellos, insectos zumbando en círculos viciosos, buscando migajas de atención, cada vez más enfermos y desesperados? Los mapas hacia las estrellas de los que habla el título se refieren en mi opinión a esa delicada salvación por la poesía que, metafóricamente, es una purificación por el fuego para empezar todo  de nuevo, como seres humanos capaces de ir más allá del aislamiento que no admite que uno es solo un puntito, entre otros, y que solo partiendo de ahí se accede a esa vida plena y auténtica, casi siempre ausente de la experiencia de los personajes de la película.

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