Cultura

Viernes Literario: Milenaria, no “Millennial” / Territorios ancestrales de la poesía peruana

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La poesía que se escribe a la vera de los Andes es milenaria, no “millennial” ni “pandemian”. Como se hizo con nuestra historia, se pretende usar un prisma occidental ajeno a nuestro contexto, para querer entender expresiones artísticas que nacen bajo otra lectura de la naturaleza, el mundo y el universo. La poesía no tiene fronteras, lo habito todo, es cierto. Sin embargo, nace y se desarrolla en un territorio que no necesariamente es físico sino también espiritual. El territorio tiene un valor colectivo y está enlazado a la identidad, la cultura y la cosmovisión de los pueblos. 

Para ubicar esa poesía, debemos recurrir a las fuentes escritas del siglo XVI como también a las expresiones rituales que sobreviven en las naciones K’ana o Q’ero, en la actualidad. La poesía es consustancial a la ritualidad andina y siempre estará presente entre la música, la danza y el teatro. Para Sebastián Salazar Bondy, en “Mil años de poesía peruana” (1964): “La poesía peruana es de tono menor -entendida la palabra en su acepción musical, sin asomo, contra lo que muchos a veces interpretan, de desmedro cualitativo, es decir, melancólica y aquejada de nostalgia. Poesía en general romántica, la de los poetas peruanos es y sigue siendo, salvo muy pocas excepciones…”. A la distancia de ese texto, me permito discrepar pues si bien SSB, acierta en ciertos puntos de su análisis, el trasfondo está tiznado por una visión colonial de los Andes: “Los cronistas consignan cánticos y oraciones prehispánicas y en el folklore perduran joyas de un delicado cancionero erótico y campesino, cuyas traducciones al español han influido en los poetas cultos desde Mariano Melgar”.

De la colonialidad al criollismo peruano, que también se expresa en la literatura, se calificó y sigue calificando la poesía andina de nostálgica, melancólica y romántica cuando en realidad manifiesta, como otras altas culturas de la antigüedad, una estrecha relación con el movimiento astronómico del cosmos que rige e influye en las fuerzas de la naturaleza que se visibilizan en la tierra. Si releemos cómo se interpretó nuestra cultura, esos “cánticos” son poemas y el “folklore” es la cultura viva que resiste y persiste en comunidades andinas o amazónicas. Un ejemplo concreto es la visión del cielo. En los himnos a “Viracocha Señor del Universo”, Manco Inca increpa: “óyeme, desde el mar de arriba en que permaneces. Desde el mar de abajo en que estás, creador del mundo…” (Cesar Toro Montalvo, Manual de Literatura Peruana, Tomo I, 1990).

En la mitología amazónica cusqueña, los matsiguenga, kakinte, ashaninka, yine yami y nanty, de las familias lingüísticas “arawak”, y “yura” de la familia lingüística “pano”, consideran al firmamento un río celestial que también tiene cauce en la tierra. Su poesía y ritualidad expone una fuerte relación espiritual con “el gran río”, donde se desenvuelve su visión y relación con la vida y la muerte. Aunque tienen distintas lenguas y expresiones culturales, comparten la certeza de que el bosque y el río proveen recursos esenciales para su subsistencia material y psíquica.

Su poesía está impresa en su lengua, en su historia y en sus mitos. “El origen de la yuca y otras plantas” como también “Los hijos de Kashiri” son los bellos testimonios orales que respaldan mi afirmación y se respaldan con escenarios naturales como el turquesa “Yoyato” o el Pongo de Maenique donde reside “Tasorinchi” con su incólume pedestal de piedra (El rostro amazónico del Cusco, 2005). Sin Qoyllurit’i o el Intialabado, sería difícil entender la poesía del mundo andino y sus naciones a su vez vinculadas a la Amazonía. Estos territorios ancestrales de la poesía, no se divisan desde Lima ni la franja costera que mira el mar, pero también es andina. Son invisibles para los ministerios de educación, cultura y ambiente porque para el neocoloniaje esos espacios están “deshabitados” y necesitan de la extracción de sus recursos para el “desarrollo”. Sin embargo, en el corazón de cada peruano existe un territorio espiritual donde se puede refundar el Perú, solo es necesario encontrarlo, leer y releer nuestra historia, asumir que la identidad es otro poema que aún nos falta escribir.

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