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“Me despierto gritando”

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Los rayos electrocutaron mi plácido descanso, los truenos me recordaron los bombazos de Sendero Luminoso, los relámpagos iluminaron mi dormitorio como si fuera un día soleado. Al abrir los ojos, asustado, lo primero que vi fue el cuerpo de mi esposa suspendido en el aire, en posición insuperablemente horizontal. No era una caprichosa práctica de levitación nocturna; había saltado muerta de pánico fuera de la cama.

Desatada la tormenta, esos minutos de terror espantaron mi sueño y me lanzaron a buscar refugio en la sala. Para distraer me encendí el televisor. El canal de cable que sintonizo a ciegas 24 horas al día me trajo un hallazgo fabuloso.

La escena de apertura en un cuarto lleno de sombras, humo y detectives interrogando con duro sarcasmo a un pobre detenido, me atrapó de inmediato. El hábil manejo de los claroscuros, dejando filtrar tenues luces a través de las persianas, me hizo sentir cómodo en un ambiente de sordidez.

Entonces reconocí en el acusado a Víctor Mature, de quien sólo tenía recuerdo en su papel de Demetrius en “El manto sagrado” de 1953, infaltable durante las maratones familiares de semana santa. Ignoraba que al inicio de su carrera había participado en algunas joyas del cine negro.

“I wake up screaming” de 1941 es una de ellas. Traducida como “¿Quién mató a Vicky?” o “Me despierto gritando” (me quedo con la segunda), el plan comercial de la 20th Century Fox era lanzarla como “Hot spot” (“El punto caliente”, o algo así), pero la iniciativa no prosperó y se impuso el reclamo del director y los actores para mantener el título original, tomado de la novela homónima de Steve Fisher.

La trama enfoca en resolver el asesinato de una ex mesera convertida en modelo y aspirante a actriz, encarnada por Carole Landis, de quien Mature es su agente y Betty Grable su hermana mayor, ambos considerados los principales sospechosos debido a una penosa cuestión de celos (profesionales el uno, románticos la otra). Junto a ellos destaca Laird Cregar como el implacable oficial encargado del caso, ejerciendo una obsesiva persecución contra el supuesto autor del crimen.

El angustiado y sufrido rostro de Mature, de inocultable ascendencia italiana, resulta perfecto para el tipo acosado que representa. Pero otra razón de fondo para quedarse enchufado a la película, aparte de la intrincada línea argumental, es sin duda la arrebatadora figura de la Grable. Observándola en conjunto, con esos vestidos negros de talle ceñido, las ondeadas faldas y los apretados zapatos de taco alto, pude comprender porqué la rubia, aun no siendo digamos bonita, y pese a sus absurdos peinados (típicos de la época), enloquecía a los soldados americanos en sus visitas a las bases europeas durante la Segunda Guerra Mundial.

La actuación del grandote y redondo Cregar combina eficientemente el obstinado cinismo del policía afanado por castigar a quienes indica como el único autor de su desgracia -al extremo de proteger al verdadero asesino-, con un aire patético que conmueve en el desenlace cuando se descubren no sólo sus oscuros propósitos de revancha sino sus ocultas intenciones amorosas hacia la víctima y se le contempla envenenarse en medio de la más completa desolación tragando una medicina recetada por su doctor “para calmar todos los dolores”.

Elisha Cook Jr, por demás conocido en el cine negro (trabajó en innumerables clásicos como “El halcón maltés”, “Dillinger”, “El sueño eterno”, “Nacido para matar” y “The killing”, entre otros), aporta el toque extra de miseria humana, propia de los caracteres del género. De hecho, personifica al recepcionista del edificio donde vive la modelo asesinada, de la cual está enamorado y a quien termina eliminando en un ataque de rabia provocado por el despecho.

La historia se construye a partir de las declaraciones ofrecidas a las autoridades por Mature y la Grable, pero también a través de aquellas vertidas por los amigos del promotor de estrellas: un actor en declive y un columnista de sociales, cuyo interés –más que nada sexual- por la linda Landis (a mi gusto demasiado flaca para ser un lomo en el sentido total de la palabra) los apunta igualmente como potenciales imputados.

La precisa dirección de Bruce Humberstone impide pensar que “Me despierto gritando” fuera su debut en el cine negro. En los años 30’ había dirigido algunas cintas ligeras, teniendo como protagonista al investigador Charlie Chan, y en los 50’s tomó la posta para conducirla segunda generación de Tarzán, pero es este film un trabajo más relevante.

Una escena curiosa es aquella que tiene lugar a medianoche en una piscina pública de Manhattan. Cuesta imaginar que una pareja, en trances de discreto cortejo, decida ir primero a las peleas en el Madison Square Garden y, luego de cenar en un restaurante de categoría, rematar la velada en una pileta atestada de gente. Aunque no incide para nada en el desarrollo de la trama, sirve más bien para lucir el atlético cuerpo de Mature en ropa de baño –un verdadero Adonis de 28 años por entonces-, así como las apetitosas y altamente deseables piernas de la Grable. Otra vez, el espíritu mercantilista de la Fox para arrancar de la taquilla unos buenos miles de dólares adicionales.

La cortina musical inserta la famosa balada “Over the rainbow”(escrita especialmente para “El mago de Oz” de 1939) en las escenas románticas y el pegajoso tono de una mazurka para respaldar las secuencias que entre mezclan una dosis de suspenso con otra de misterio.

Al final, “Me despierto gritando”, una exclamación que bien puede encajar en los labios de cualquiera de los implicados, aplacó esa madrugada mi temor a la tormenta. Pero sobretodo me permitió reconciliar el sueño con una placentera sensación de agradecimiento por el regalo del cine bien hecho.

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