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Matagente (Rodolfo Ybarra): El sufrimiento contra el sufrimiento

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ESCRIBE JUAN CARLOS DE SANCHO

Cuando era muy joven me compré “Del asesinato considerado como una  de las Bellas Artes”, de Thomas de Quincey. No me lo leí entero, pero me fascinaba esa visión de las raíces del horror que no había pensado antes. Más tarde leí una frase de Alejandra Pizarnik donde expresaba que “ si nombras al fantasma, lo matas”. Leía entonces biografías de escritores suicidas e incluso  me acerqué  a un comentario de Tadeus Kantor donde aconsejaba al escritor/creador tener mucho cuidado con el proceso de creación ya que podría conducirte a una lenta destrucción. El poeta japonés Takuboku escribía que todos llevamos en nuestro corazón un prisionero escondido. El mal me acechaba por todas partes, el dolor confuso e inescrutable del vivir.

Andaba entonces buscando los pormenores del sufrimiento humano, la imprevisible e ineluctable metamorfosis, la que indefectiblemente podemos experimentar por culpa de un aciago descuido, una virulenta infancia, un suceso trágico e inesperado, una mente desparramada o un gran extravío existencial. Yo sufría entonces más de la cuenta y no sabía por donde escapar. Creía que leyendo sufrimientos de otros, perdería el mío.

Ha pasado el tiempo y me encuentro en  la Feria Internacional del libro de Lima con el escritor  peruano Rodolfo Ybarra. Escucharlo en una de sus intervenciones me llevó a descubrirlo rápidamente como un escritor con pensamiento penetrante, fuera del contexto banal y entretenedor en el que se mueve la literatura actual. Proveniente de la contracultura, o sea Cultura sin amarres oficialistas (como debería ser siempre), Rodolfo Ybarra es un hombre torrencial, vital, bien informado y leído, con conciencia crítica, un ser  extrovertido y amable, atento a todo lo que se unifica y difumina al mismo tiempo.

Leer su novela Matagente es leer en varias bandas de frecuencia. El pensamiento se mueve entre atmósferas delirantes, poéticas,  con descripciones profundas de los personajes, las situaciones y los pensamientos que siempre emergen. En un previsible paraíso cinematográfico y literario donde se impone  a menudo la acción continua y la falta de argumento, Rodolfo Ybarra se rebela ante esta precariedad  del pensamiento reinante con un libro trangresor,  innovador y satírico.

Ybarra mata en Matagente cualquier prejuicio literario y nos conduce por los tenebrosos caminos del dolor cotidiano y la ignominia social pero siempre aprovechando la circunstancia literaria para desparramar su sabiduría natural, su conciencia lúcida, lúdica y bien documentada. No desatiende el humor tostado, y toma distancia recomendable de los estereotipos manidos de la novela negra. Su discurso es más amplio que la acción  detallada y profusa, su debate es filosófico, desde lo más despiadado a lo más destilado.

Escribo esta crónica mientras escucho la Séptima Sinfonía de Sibelius, que me arrastra irremediablemente  a los extremos laberintos de Matagente, un libro para leer con pausas y reflexionar sobre lo despiadado del ser humano pero al mismo tiempo descubrir el irremediable y esperado claro del bosque donde reposar el dolor y los daños descritos, la palabra restauradora entre tanto crimen y desasosiego, quizá la función de la escritura como lenitivo a nuestras continuas batallas cotidianas. Ybarra acierta de pleno, con una escritura pródiga y catártica, reflejo de la vida intensa y prolífica del autor.

Confiesa el escritor peruano que Matagente es una novela que dispara hacia arriba, pero el lector cómplice debe andarse con mucho cuidado porque el personaje de la novela es un nihilista sádico, homófobo, un depredador sin piedad, un asesino en serie. Mientras te adentras en la lectura pareces entrar de lleno  en un manual de oficio que te podría convertir en un asesino al uso, aunque Ybarra salva el obstáculo con una literatura que disecciona el mundo, para que aprendamos a saber lo que no sabemos de lo más oscuro del ser humano. Novela gore, novela hiriente pero esclarecedora.

Avanzada la lectura de Matagente, Rodolfo Ybarra escribe….     ” Como se apreciará, son muchas las formas en que uno puede perderse, mimetizarse y ser parte de la “normalidad” hasta encontrar el lugar y el momento adecuado para volver a coger el arma homicida y volver a ser el mismo de siempre. Cuestión de tiempo. Cuestión de habilidad”. Es Matagente una novela sinfónica, con varias oberturas engarzadas en un laberinto que conduce a un tema central, la condición humana, la dualidad del ser, lo atávico del vivir individual y social. Matagente, según declara el autor, es una especie de aparato crítico de una sociedad llena de prejuicios.

Me voy con Matagente a la otra esquina del planeta herido de muerte. Me quito el disfraz cotidiano mientras leo el envés de todos los asuntos reales  e imaginarios. Vivir es inventar, escribía Nietzsche.  Me encuentro con Rodolfo Ybarra en el interior  de su caverna, encendiendo la Filosofía.

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