Opinión

La vigencia de Fernando “Coco” Bedoya

Lee la columna de Luis Felipe Alpaca

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El pintor y grabador Fernando ‘Coco’ Bedoya, es un artista que no se detiene en el tiempo, porque a pesar de haber sido fundador de los emblemáticos colectivos Paréntesis y E.P.S. Huayco, su residencia en Argentina desde hace más de 45 años no le ha impedido realizar actividad artística en Perú, y exponer su “concepto” contestatario e insolente, pero al mismo tiempo vigente e hilarante. 

‘Coco’ es feliz y transparente no solo en su obra, sino, cuando alterna con cualquier mortal, así este sea indigente, o potentado. Él conoce los momentos duros que solo un artista puede atravesar; pero también piensa en las iconografías que pasaron por su proceso de aprendizaje, y su mente recobra los recuerdos de sus obras símbolos: la chapita Coca-Cola y el libro Coquito.

También cree en la contemplación, porque es algo que está incorporado en la vida cotidiana, no solo de los artistas, sino, de todos los que habitan una sociedad; sin embargo, él tampoco brinda un cheque en blanco:

“La comunidad artística de antes, era otra. Esta comunidad artística actual es diferente. Hay pocos cuerpos de transferencia artística, porque ahora las transferencias de arte ya son más tecnológicas; pasan por otro lado, no hay tanto cuerpo. Yo pienso que mi generación tuvo esa transferencia, de vitalidad y emoción. Y lo que es muy difícil de ver hoy, es esa emoción de los artistas que nos acompañan en la escena. Son como pescados”.

Actualmente, en su exposición individual “Tiros de gracia” (Revolver Galería), nos presenta una serie de trabajos que evocan a esa cotidianeidad marcada por la convulsión del consumo, el poder factico y la impunidad que abrazaron las dictaduras.  

Prácticamente, le dice a la sociedad: “¡Tienes derecho a vivir en tu zona de confort… pero déjate de joder, si pretendes enseñarme a mí cómo es el mundo! Bedoya es crítico del establishment que generalmente se subordina a lo crematístico: “Los artistas, antes aparecían producto de cuestiones muy conflictivas de la sociedad y ahora no. Ahora aparecen por una cuestión de mercado”, declara. 

Los que a lo largo de las décadas hemos observado las obras de Bedoya, hemos aprendido que, —para que haya luz, antes tuvo que haber penumbra y para que haya esperanza, antes tuvo que haber desolación—.   

(Columna publicada en Diario UNO)

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