Opinión

La derecha antimperialista

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Por Tino Santander Joo

La semana pasada, Jaime Bayly se proclamó de «izquierda democrática y antimperialista», en un giro copernicano ideológico y político del «niño travieso liberal». No es un converso, sino una acción audaz y marketera frente a la política norteamericana de Trump, que —según él— prefiere aliarse con el dictador Putin, en desmedro de su alianza histórica con la cada vez más irrelevante Europa. Bayly es un actor, un adorador del becerro de oro, y si este va por la izquierda, Jaimito lo seguirá. Es un antimperialismo de boutique que se vende al mejor postor.

Otro antimperialista y revolucionario de las canteras de la derecha ideológica más reaccionaria, Jaime de Althaus, señaló: «El déficit comercial de Estados Unidos se compensa con un superávit financiero, ya que el flujo de capitales hacia el país lo convierte en el centro financiero global y fortalece su moneda como reserva mundial, otorgándole un gran poder geopolítico que se vería afectado si Trump busca reducir el déficit comercial a través de aranceles». El antimperialista Althaus defiende el modelo esclavista de la oligarquía financiera y condena el nacionalismo y proteccionismo de Trump.

La derecha peruana no sabe a dónde va ni qué hacer. Sin dirección política, deambula en el mercantilismo al lado de los caviares que lloran por el USAID y el financiamiento a sus ONG. Quieren imitar a Milei, el «libertario» aliado de Israel, que masacra al pueblo palestino imitando a sus verdugos nazis. Tienen el espíritu fascista del franquismo español reencarnado en Abascal y Ayuso, y quisieran volver al virreinato de pelucas y encomenderos. Que Abascal o Ayuso los nombren sus validos en el Perú es su máxima aspiración. Es una derecha sin norte y peligrosa.

El fujimorismo no es de derecha; es una organización mafiosa aliada a organizaciones criminales regionales que mueven muchísimo dinero y mantiene una estructura clientelista eficiente. Pero, muerto Alberto Fujimori, se va a diluir electoralmente. Otro grupo mafioso es Alianza para el Progreso de Acuña, que es la expresión de la degradación pandillera de la política peruana. Los otros partidos de derecha no existen; son membretes o simples plataformas políticas para vender candidaturas, negocios montados por empresarios audaces al amparo de la informalidad.

Acción Popular es una paradoja: mientras Barnechea se pronuncia contra el oligopolio bancario y el monopolio farmacéutico, su partido y su bancada se ponen al servicio de los bancos y los grupos de poder económico. Un viejo militante de Acción Popular me dijo: «En el partido, la mayoría no sabe quién fue Belaunde». El Apra está reducido a pequeñas tribus o bandas que viven del recuerdo de García; tampoco tienen idea de quién fue Haya de la Torre, y menos aún de que escribió un libro fundamental para entender la historia del Perú: “El antimperialismo y el Apra”.

Esa es nuestra derecha antimperialista, que anda buscando un Franco, un Pinochet o, como dicen sus escribas más esnobistas: «Necesitamos un Bukele para que ponga orden en este desorden». La otra derecha hace negocios en los directorios de las empresas corruptas como Odebrecht o Graña y Montero (Norvial).

La derecha política no existe; está subordinada al oligopolio bancario y al monopolio farmacéutico, que controlan la economía nacional. La podemos derrotar a través de una revolución social, de una insurrección democrática de los empresarios, de los trabajadores, de los movimientos sociales para democratizar el crédito a través de la libre competencia y hacer que la minería financie la agricultura, la salud, la educación y la infraestructura nacional.

La derecha no va a solucionar la grave situación de inseguridad en la que vivimos; porque, utiliza el miedo de la gente para promover sus posiciones fascistas y mantenerse en el poder. Al frente esta la izquierda que esta perdida en sus ambiciones electorales. La inmensa mayoría silenciosa aguarda en serena y vigilante expectativa el momento adecuado para la gran rebelión ciudadana.

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