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La ciudad como experiencia comunicacional

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La ciudad que antes era un espacio físico comunicacional, ahora es una experiencia virtual. Como consecuencia del efecto de los medios de comunicación, la urbe tradicional se ha transformado en un espacio mental. Y con más intensidad ahora, por influjo de la internet, se origina una interconectividad o “mundo digital”, también denominado ciberespacio o realidad virtual.

Hemos pasado del influjo de los mass media tradicionales (prensa, radio, TV y cine), a los medios digitales, que están desencadenando una revolucionaria experiencia comunicacional, codificada mediante señales de orden analógico o digital.

El sentido ciudadano de pertenencia disciplina nuestro imaginario haciéndonos partícipes de un nuevo orden consumista de bienes y servicios, pero a la vez nos condiciona a vivir dentro de una realidad tan compleja como nuestra capacidad de articular e integrar los imaginarios colectivos.

Precisamente, lo que diferencia al hombre de los animales es la simbología que crea el ser racional y que prevalece más allá de la experiencia. Los símbolos surgen de los objetos y a su vez crean los pensamientos, motivan o estimulan el actuar.

Vivimos una época atípica de la aldea global. Nuevamente concluyo que la tecnología nos impone nuevos paradigmas de comportamiento y además nosotros generamos nuevos códigos o símbolos. He ahí la contradicción social: ¿Hombres o zombies? Racionales que crean pensamientos con simbología o seres deshumanizados que viven sin sentido.

La aparición de la computación y la internet –como tecnología que en primera instancia tuvo una aplicación militar– permite la construcción de una red global que es puro espacio cibernético y virtual.

Esa espacialidad comunicacional y simbólica teje la ciudad virtual o telépolis: interconectada a terminales que procesan la información que sólo existe en caracteres numéricos, es decir digitales; señales que circulan como intercambios simbólicos entre pantallas de procesadores que desmarcan las fronteras territoriales físicas y que trascienden los espacios.

El problema es la uniformización de los intercambios y formas de relacionarse simbólicamente en todas las culturas. Países celosos de los contenidos simbólicos de internet prohíben su acceso a los ciudadanos, censura que genera conflictos de orden político y que necesariamente obliga a una redefinición de las políticas de acceso al ciberespacio.

Análisis y crítica de la sociedad de la hiperinformación

En la actual “sociedad de la información”, nos encontramos viviendo un panorama en el que la humanidad es bombardeada (tele)comunicacionalmente por noticias falaces divulgadas para desorientar y alienar. O en un caso de alteración mínima, se inyecta seudoinformación y propaganda fabricadas desde medios de comunicación adeptos al poder y al sistema económico imperante.

La audiencia –en su vasta mayoría esclavos asalariados, dependientes de la venta de su fuerza de trabajo y sometidos al yugo de la explotación–, por carecer de tiempo y energía para reflexionar críticamente sobre estas “noticias” consumidas diariamente, se convierte en mero receptor pasivo de la “información” recibida, tragando sin reserva sus mensajes subyacentes y sometiéndose de tal forma al acondicionamiento mental-corporal.

Es decir, el individuo recibe un estímulo y responde de una manera calculada por terceros. Al convertir la “información” en un bien de consumo masivo y efímero, se logra la destrucción de sus facultades de analizar y contextualizar y por ende la capacidad de razonamiento y formación de juicio propio. Alienación total.

Otro de los métodos de la doblegación humana en su dimensión psicológica es el empleo bien calculado del miedo en combinación con el fomento de la ignorancia. Esta fórmula intenta sembrar el caos para poder cosechar el incremento del sentimiento de pánico e inseguridad de la población.

Los políticos de gran corrupción adictos al poder ofrecen “soluciones” prefabricadas a la medida de la élite gobernante y agradecidamente aceptadas por los gobernados, aun cuando contengan medidas abiertas de represión y restricción.

El control mental-corporal de la población en general, en casi todo el orbe, afecta a billones de seres humanos, trabajadores y consumidores que conforman el universo de esclavos del sistema. Esta sombría metodología se ha ido perfeccionando en la medida de que sus víctimas creen tener la convicción de pensar y actuar soberanamente, sin enterarse jamás de sus cadenas de sumisión objetiva y subjetiva.

Tal como lo hemos afirmado, entre los métodos de semejante acondicionamiento mental destaca el fraccionamiento del pensamiento, mediante la sobrecarga de “información” y el bombardeo de noticias fabricadas durante las veinticuatro horas del día, aparentemente no relacionadas entre sí, pero portadoras del mismo mensaje subliminal: no pienses.

(*) Escritor, poeta, editor y sociólogo. Presidente del Instituto Peruano de la Juventud (IPJ) y director del sello independiente Río Negro.

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