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La aldea global y el reto de las identidades regionales

Lee la columna de Raúl Allain.

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El fenómeno de la globalización se viene imponiendo en el mundo. Lo que era impensable hace dos décadas, es ahora una realidad, más aún con el desarrollo vertiginoso de las nuevas tecnologías de la información y comunicación.

La tecnología de la globalización estudia un fenómeno basado en el aumento continuo del desarrollo y utilización de tecnología en todos los países del mundo, acercándonos a una época de creciente interconexión cultural global.

Sin embargo, este rápido avance y la promesa de una “aldea global”, donde el intercambio económico, comercial y cultural es posible incluso arrasado con las “identidades regionales”, requiere de un análisis profundo.

Durante el final de la década de 1960 y principios de los años 1970, el pensador Marshall McLuhan (1911 – 1980) acuñó el término «aldea global» para describir la interconexión humana a escala global generada por los medios electrónicos de comunicación. La “globalización” es la resultante de esa comunicación a escala nunca antes imaginada.

Para McLuhan, la civilización (“aldea global”) es equiparable a la cultura de la escritura y, por tanto, divide la historia en cuatro fases: Agrícola, Mecánica, Eléctrica (medios de comunicación) y Tecnológica (la etapa de mayor relevancia en su investigación).

Aunque es en la tercera fase (Eléctrica) en la que se produce la eclosión de los medios masivos de comunicación, la mayor parte de la investigación de McLuhan se centra en la etapa Tecnológica, cuyo estudio tiene línea abierta por el propio autor a través del “Programa McLuhan en Cultura y Tecnología” de la Universidad de Toronto, centrado en el análisis de la influencia de las nuevas tecnologías en el cambio social.

Marshall McLuhan planteó que todos los cambios sociales son el efecto que las nuevas tecnologías de la información y comunicación ejercen sobre el orden de nuestras vidas sensoriales. Su concepto de aldea global ha dado origen al de globalización, que define la autonomía de la persona en la sociedad de la información.

¿Qué riesgos tiene la globalización? ¿Hasta qué punto la comunicación global es sólo un espejismo? ¿Cómo lidiar con los temas de las culturas minoritarias, de la exclusión social y el desarraigo local?

Por cierto, la pandemia de coronavirus que ha ocasionado más de seis millones de muertes en el mundo, también demuestra que las “plagas de la humanidad” son globales.

Otros problemas de la “aldea global” es la pérdida de autonomía y la identidad locales, a costa de una acelerada internacionalización de los procesos económicos y la conversión de la cultura en un producto y un factor de producción.

La globalización nos impone el reto de afrontarla y sobrellevarla con inteligencia y creatividad, sin renegar de nuestra identidad. Nuestros Estados y gobiernos tienen la obligación de no dejarse avasallar, pero tampoco esconderse en una “cápsula de cristal”, porque no podemos ser ajenos a lo que pasa en el resto del mundo:

– La economía se intensifica a través de bloques comerciales y mercados de bienes y capitales, así como tratados regionales.

– Hay una tendencia a la privatización de los servicios de salud y educación, que antaño eran obligación del “Estado”.

– Los derechos laborales se relativizan a favor de “contratos privados”.

– La competencia entre empresas multinacionales favorece a la depredación del medio ambiente en plena crisis climática global.

– La justicia social y el bien común tienen que defenderse, a pesar de lo que digan los “mercados internacionales”.

– Hay que profundizar en el “multiculturalismo”, es decir el intercambio cultural respetuoso versus la mundialización cultural occidental, para que no se pierda la integridad de las culturas o identidades locales.

– Un aspecto positivo de la globalización es el reforzamiento de una conciencia de “comunidad humana”.

– La globalización impone estilos de vida donde prima el materialismo, el consumismo y la búsqueda de placer instantáneo (hedonismo).

– Crisis del nacionalismo frente al internacionalismo.

La globalización está apostando por la democracia y el estado de derecho como formas de gobierno predominantes a nivel mundial. Sin embargo, es preocupante la aparición de dictaduras regionales y regímenes totalitarios. Un tema para seguir analizando.

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