Arte Urbano

José Tola y Ety Fefer en Galería Luis Miró Quesada Garland

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INAUGURACIÓN SIMULTÁNEA DE JOSÉ TOLA Y ETY FEFER

VIDA LÍQUIDA

Escribe Mirko Lauer

 

El próximo 10 de Noviembre a las 7.30 pm. la Sala Luis Miró Quesada Garland inaugurará simultáneamente las dos exposiciones de José Tola y Ety Fefer, unidas ambas por el mismo sentido de la forma, el color y una filosofía sobre la vida que el espectador podrá apreciar en ambas salas.

Los bellos “Guerreros, monstruos y bestias” realizados a cuatro manos por Ety Fefer y José Miguel Tola en supersculpy (una masa para hornear y pintada luego al acrílico) son un diálogo entre la actualidad de las artes plásticas y varias tradiciones:  el misterio de los personajes rituales,  como los nang yai tailandeses, que proyectan sus historias en la forma de sombras contra un muro; o la representación pura de lo amenazante inmóvil, como en los batallones de guerreros chinos de terracota desenterrados en Sian; o la insolencia mecánica del futurismo, dadá y el suprematismo ruso.   

El autómata es una obsesión antiquísima uno de cuyos sentidos es escapar a lo humano por la vía de la parodia: primero como juguete, luego como propuesta de una vida alternativa,  finalmente como un espejo inquietante que la humanidad siempre lleva consigo. Comenzaron los autómatas como metáforas de máquinas apenas existentes. No es casual que el autómata construido por Yen Shi en X a.C. haya revelado entrañas mecánicas pintadas con algunos de los colores emblemáticos de José Miguel Tola: “una construcción de cuero, madera, cola y laca, pintada de blanco, negro, rojo y azul”.

La relación de los autómatas con el arte es complicada. Como el arte, nacen de la pasión creadora, pero casi siempre terminan virando hacia lo monstruoso. Sucedió con la leyenda del Golem, con el Frankenstein de Mary Shelley, con La Eva futura de Villiers de L´Isle-Adam, con los robots de Karel Capek, y luego con tantas inteligencias artificiales de la ciencia ficción más reciente. Siempre terror, rara vez belleza, incluso fealdad, acaso consecuencias del desafío a la ley natural. Pues siempre el signo del autómata es la transmutación de la carne humana en alguna otra cosa: arcilla, metal, plástico, código binario, todo disfrazado a veces de búsqueda de la perfección.

La colaboración es así: Fefer es una joven creadora de un mundo propio de personajes en la tradición europea del burlesque,  que ella llama grumildos, y que van más allá de la descripción de “muñecos mecánicos” que ella les da. Tola es un artista plástico  con un lenguaje articulado por décadas de desarrollo, en el cual es central la figura humana. Cada uno es célebre en su especialidad, y los juntan las que Goethe llamó afinidades electivas: el deseo de encontrarle una dimensión común y adicional a sus respectivas obras. Aunque los autómatas en la historia suelen ser la obra de un solitario, y  esta es una colaboración entusiasta. Dice Tola de las figuras: “Todavía me desconciertan”, y Fefer las considera “una recreación de todo su trabajo anterior”.

Los polícromos personajes de esta muestra han heredado del universo grumildo la condición de marginales, y de las representaciones de Tola el ocupar un limbo de hermosa agresividad. Pero ellos no están del todo cómodos en los papeles de monstruo o de guerrero. Los veo más cerca de las vidas vistosas de la naturaleza: aves o peces multicolores. Autómatas bellos, finalmente, a los que la vida orgánica presta sus mejores galas, y el arte sus mejores dramas. Avanzando con su movimiento hacia las sombras de los misterios hidráulicos y los sospechados títeres prehispánicos.

 Quizás estamos ante el cruce de dos mundos que se buscaban: ver a los grumildos de Fefer recubiertos de colores y formas tan elaborados, idiosincrásicos y vistosos como los de la pintura de Tola; ver a los cuadros de Tola de pronto cobrar una existencia compartida, viviendo el movimiento físico que tanto han evocado desde las dos dimensiones. El de estos Guerreros y monstruos es un movimiento hipnótico, una vida líquida, espontánea, lleno de una intencionalidad evidente pero difícil, por no decir imposible de captar desde una mirada humana.

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