Cangrejo Negro / Eloy Jáuregui

Jack Daniel’s / LOS 32 TRAGOS DIARIOS DE SINATRA

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 Para Jorge Pimentel

1.

Frank Sinatra solía beber 32 tragos del whiskey Jack Daniel’s –sin agua y con dos trozos de hielo– durante un día normal y sin apuros. Una mañana, al sentir ciertas molestias al hígado, a regañadientes se vio obligado a consultar a su médico de toda la vida. Éste le recomendó cambiar drásticamente de hábito. Sinatra que era un jodido, regresó a su bar de Nueva York y furioso le confesó a su amigo Dean Martin: “Acabo de despedir a mi médico. Es un imbécil. No sabe nada de la vida”.

A Sinatra se le puede llamar de manera espontánea como el primer embajador del whiskey Jack Daniel’s, aquel licor que posee entre 40 y 48 grados de alcohol y que fue destilado por vez primera en  el estado de Tennessee, Estados Unidos y cuya partida de nacimiento es de  1875 gracias a Jasper Newton, un descendiente de galeses y que obligó a Sinatra a bautizar la bebida como “El néctar de los dioses”. Sinatra era patrocinado por otra marca de whisky pero él tomaba Jack Daniel’s como un niño bien nacido toma leche sin parar. Hay quienes aseguran que incluso antes de morir pidió que lo enterrasen junto con una botella de aquel “néctar de los dioses” y así está atrapado a su botellas desde esa vez y en la eternidad.

En el crónica-perfil más famosa del periodismo norteamericano llamada Sinatra está resfriado” escrita por el maestro Gay Talese, el texto se inicia con un arranque epopéyico: “Frank Sinatra, con un vaso de bourbon (obvio, es Jack Daniel’s) en una mano y un cigarrillo en la otra, estaba de pie, en un ángulo oscuro del bar, entre dos rubias atractivas aunque algo pasaditas, sentadas y esperando a que dijera algo. Pero Frank no decía nada. Había estado callado la mayor parte de la noche y ahora, en su club particular de Beverly Hills, parecía aún más distante, con la mirada perdida en el humo y en la penumbra, hacia la gran sala, más allá del bar, donde docenas de jóvenes y parejas estaban acurrucadas alrededor de unas mesitas o se retorcían en el centro del piso al ritmo ensordecedor de una música folk que atronaba desde el estéreo”.

El texto es más dramático: “Sinatra con catarro es Picasso sin colores o un Ferrari sin gasolina, sólo que peor. Porque los catarros corrientes roban a Sinatra esa joya que no se puede asegurar, su voz, y hieren en lo más vivo su confianza. No sólo afectan a su psique, sino que parecen provocar una especie de moquillo nasal psicosomático en las docenas de personas que lo rodean y trabajan para él, que beben con él y lo quieren y cuyo bienestar y estabilidad dependen de él. Un Sinatra acatarrado puede, salvando las distancias, enviar vibraciones a la industria del espectáculo y aún más lejos, casi como una enfermedad repentina de un presidente de los Estados Unidos puede sacudir la economía nacional”. Genial.

Sinatra, muerto en Los Ángeles el14 de mayo de 1998, solía realizar un brindis inicial con un vaso de Jack Daniel’s al empezar sus actuaciones. Bueno, lo tomaba también en ayunas. Memorables son sus shows solo o con su banda –eran sus amigos pero más parecía los secuaces de Al Capone– como parte del “The Rat Pack” sobre todo en Las Vegas, durante las cuales todos en el escenario daban cuenta de vasos y vasos del “clásico” de Jack Daniel’s: el “Old No. 7”. Y una aclaración. Se escribe “whisky”  con “y” cuando responde a la denominación de Origen de Escocia, y Whiskey al Bourbón producido principalmente en Estados Unidos y Canadá. Así que Jack Daniel’s es “”whiskey” y no de otra manera.

2.

Hay un romance entre este whiskey con la música más allá del caso Sinatra. Según los expertos, Jack Daniel’s está tan bien equilibrado que como dicen los que saben “pasa sin raspar” y con un toque de roble suave, más caramelo y vainilla, con un final agradable de encina picante –seguro, propio de su destilación al carbón depurado—que para muchos es el acompañamiento perfecto para disfrutar no solo de Sinatra sino de todo el rock and roll venga de venga y de cualquier ritmo que encienda el alma. Este cronista lo ha tomado oyendo a John Coltrane y Charlie Parker para el cielo del jazz o también para la filosofía de la pelvis oyendo los boleros de Héctor Lavoe.

Hay un maridaje con la música de este noble brebaje. Ya desde 1892, Jack Daniel’s en su leyendoso complejo de Lynchburg Square –que había sobrevivido a la guerra civil– formó su grupo musical, la “Silver Cornet Band”. Para los viandantes, la experiencia resultaba un tour completo, buena música y buenos tragos. Además a falta de una, se construyeron dos tabernas: The White Rabbit y The Red Dog. Los trece “músicos” que formaban la banda no eran músicos estrictamente hablando, sino hijos de vecinos de Lynchburg.

A pesar de su falta de experiencia, la banda era buena, y a la vez, conocida y amada en toda la comarca. La “Silver Cornet Band” le agregó un toque marketero a la empresa, tocaban para el gozo y también para el proselitismo. Ellos hicieron posible el triunfo del candidato presidencial William Jennings Bryan y del candidato a gobernador Robert Love Taylor. La banda se disolvió cuando comenzó la primera Guerra Mundial y los hombres de Lynchburg se alistaron como voluntarios en las fuerzas armadas. A pesar de que la música de la banda terminó, su historia perdura, que parafraseando a Ernest Hemingway, uno ya sabe, ‘por quién doblan las campanas’.

3.

Alguien ha escrito que así como el Viagra es para los que se ven patéticamente flácidos y el cebiche es para los amantes de la resaca, el Jack Daniel’s es para los rockeros. De pronto hay estimulantes que golpean duro la médula y uno “da más de sí”, pero hay hechos que no podemos pasar por alto. Que Mick Jagger, en algún momento de la historia de los Rolling Stones, prohibió que las botellas de Jack Daniel’s aparezca en los camerinos en los tours de la banda. Sucede que el guitarrista Keith Richards es un loco por la bebida. Igual que en el caso de Michael Anthony, de Van Halen, quien es un fans que incluso tiene un bajo en forma de botella de Jack Daniel’s y lo toma como agua del tiempo. Otras historias más escabrosas cuentan que los de Mötley Crüe utilizaban las botellas vacías de Jack como juguete sexual para retozar con sus groupies.

Jim Morrison, el héroe de The Doors fue un amante empedernido del whiskey de marras. Y Jimmy Page, Slash o Lynyrd Skynyrd, entre las celebridades rockeras, han hecho del licor su ‘agua bendita’ y Johnny Winter bautizó a uno de sus discos como “Jack Daniels King of the day”. Sea como fuese, la lista es interminable entre los amantes del “néctar de los dioses”. A los ya mencionado Ernest Hemingway y Sinatra, habría que añadir a esta lista de beodos los nombres de Johnnie Depp, al mismo Michael Jordan, a Oliver Stone, Sean Connery y a una reciente visitante, Lady Gaga. Al gran borracho y maravilloso escritor Malcolm Lowry le fascinaba el ‘ginebra’. Temo que jamás probó un Daniel’s. Él era inglés y le jodían los galeses.

Pero la lista se acrecienta si uno le mete un ojo al cine. Hay films donde al Jack Daniel’s habría que darles el Oscar. En la película “Caracortada” donde Al Pacino se consagra de gran actor, ya como el capo Tony Montana, en la escena anterior a su muerte, aparece con su guardaespaldas y un policía bebiendo tres vasos de Jack Daniel’s. En la cinta de Stanley Kubrick “El Resplandor”, el personaje de Jack Nicholson puede ser visto bebiendo Jack Daniel’s, mientras está con los fantasmas en el salón de baile. Finalmente, en “Los Puentes de Madison”, cinta cumbre del “sacavueltismo” rural donde la buena Meryl Streep se pega reverendas revolcadas a pelo y mientras el marido y los hijos están de viaje, con el huesudo Clint Eastwood, en la escena última, los hijos de la salaz Streep se enteran de las aventuras de la madre leyendo una carta, boquiabiertos y turbados pero bien acompañados por una enorme botella de a litro del gran Jack Daniel’s.

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