Cultura

Federico Kauffmann Doig, una leyenda viva de la arqueología

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El doctor Federico Kauffmann Doig (92 años) ha brindado grandes aportes en el estudio de nuestra civilización del antiguo Perú. Como antropólogo, arqueólogo e historiador, ha sido director del Museo de Arte de Lima, Director General del Patrimonio Cultural de la Nación, subdirector del Instituto Nacional de Cultura, embajador en Alemania y director del Museo Nacional de Antropología, Arqueología e Historia del Perú. Además, es autor de decenas de títulos de divulgación científica e histórica.

Lima Gris conversó con el respetado intelectual peruano sobre la problemática del Ministerio de Cultura, Machu Picchu, la construcción del aeropuerto de Chinchero, Chachapoyas, las momias de Nasca y Porras Barrenechea. Además, nos contó pasajes de su vida y su experiencia como embajador en Alemania.

Una exministra de Cultura dijo que lo de Chinchero fue una decisión tomada por el gobierno ¿Qué opina sobre eso?

Como arqueóloga que debe defender nuestro patrimonio cultural, cómo puede decir eso. ¿Porque el gobierno me nombra debo hacer exactamente lo que me dicen? Puedo hablar con el señor presidente y decirle: yo no puedo aceptar esto. Me obliga usted a hacer algo que va en contra de la moral de los arqueólogos.

Ex ministra de Cultura Sonia Guillén.

¿Cómo es posible que una arqueóloga haya avalado la decisión del gobierno de Vizcarra?

Hace varios años los auditores eran del Ministerio de Educación, porque no había Ministerio de Cultura en ese momento, sino Instituto Nacional de Cultura. Allí se produjo una situación un poco rara y descubrieron una inconducta de señora Sonia Guillén, que costó nada menos que el puesto al director general, un tal Arista y también al arqueólogo Miguel Pazos, que era Director General de Patrimonio.

¿Qué fue lo que hizo la exministra Sonia Guillén?

En el informe de la auditoría realizada en 1997 a Sonia Guillén, verán ustedes que esta señora manipuló a Pazos y al director general; ahí está todo.

Hace algunos años, durante el gobierno de Alejandro Toledo hubo un intercambio de palabras entre usted y la señora Guillén.

Justamente, por defender el patrimonio. Cómo es posible que la señora Eliane Karp haya forzado la puerta y se lleve esas momias sin consultar, sacándolas a las 5 de la mañana del museo local de Leymebamba, que estaba administrado y cuidado por la propia comunidad. Y como yo conocía a esas personas, me mandaron un comunicado escrito con 100 firmas de los comuneros manifestando su indignación por el retiro de las momias, y pidieron que por favor diera cuenta de este atropello a los medios de comunicación.

Esto de sacar las momias fuera del Perú, más que nada era un tema personal ¿no es así?

Exactamente. Ahí también entendieron mal algunos periodistas. Yo no la acusé (refiriéndose a Sonia Guillén) por llevarse de esa manera las momias a Austria. Yo la acusé por la mala conducta que tuvo con la comunidad, porque fueron saqueadas de una manera vil.

Usted tiene años de experiencia en la arqueología y conoce además a muchos funcionarios que han pasado por el Ministerio de Cultura. ¿Quién tiene realmente poder en el Ministerio de Cultura? Porque parece que hay una especie de poder bajo las sombras.

Debe haber algo, porque el Ministerio de Cultura nunca se pronuncia sobre el MUNA, y ahí creo –no quiero decir nombres– hay intereses de personas que no necesariamente pertenecen, o han trabajo allí, pero que tienen conexiones muy directas. No necesariamente con los dos anteriores ministros, pero tienen una relación con gente que está ahí de manera permanente, trabajando durante años.

Foto: El Comercio.

El sector de arqueología ¿Funcionaba mejor cuando era el INC, o ahora que es el ministerio de Cultura?

En el INC pasaban cosas como la inconducta de Sonia Guillén, pero antes también había mucha gente talentosa, porque tenían un corazón peruano que les afectaba la vulneración de un monumento.

¿Usted rechaza la construcción del aeropuerto en Chinchero?

Por supuesto. Los que decidieron esto fueron más que nada los burócratas y que no quisieron tener pleito alguno con lo que mandaba el señor Vizcarra. ¡Qué barbaridad! Les puedo mandar unas fotos cuando estuve en Chinchero con un grupo de colegas que están en contra de la construcción del aeropuerto.

Proyecto aeropuerto internacional Chinchero en Cusco.

Kuélap es otra preocupación ¿Por qué no contrataron a un ingeniero que es lo que corresponde?

Para eso hay especialistas, pero lamentablemente no los tenemos en el Perú. Hay uno que otro, como Tapia, un cusqueño que ha estudiado en Italia, o de Samanez Ocampo, otro cusqueño. Lo del teleférico tiene su pro y su contra. Yo estoy más en contra, pero hay muchos que dicen estar a favor, porque con eso viene el turismo y mejora la economía de la zona. Lo que me interesa es que no se derrumbe nuestro Kuélap.

Habiendo un presupuesto para el teleférico y otro para la reconstrucción, primero se decide hacer el teleférico en vez de la reconstrucción ¿No le parece algo absurdo?

No puedo hablar mal de Narváez que siempre ha trabajado durante muchos años; pero hace como 10 años ha dejado de trabajar. Él ha tratado, cada vez que se caía parte de la muralla, la volvía a poner. Ha hecho un buen trabajo. Sin embargo, en los últimos 10 años ya no se ha hecho nada, se ha dejado que se derrumbe más y más.

Yo me pongo a pensar cómo los Chachapoyas que construyeron Kuélap, que hace como unos dos mil años evitaron estos derrumbes, porque como usted sabe Kuélap es una fortaleza ubicada en una alta montaña y para sostener esa masa de tierra y piedras y formar finalmente una plataforma, tuvieron que resolver ese problema mediante ductos, porque caía mucha lluvia. Y yo vi cómo hace 40 años esos sumideros y esas construcciones estaban perfectas. Había eso sí, una cosita menor, pero ahora pasa de todo durante los últimos 40 o 50 años.

[Mostrando una fotografía de la fortaleza de Kuélap] Todas las fotos antiguas muestran perfectamente que están sanas las entradas y estos derrumbes son últimos porque hace 50 años se taló el bosque que había crecido y al talar el bosque la hojarasca se degradó y formó una capa de tierra que obstruyó los sumideros. Ese sistema de ductos durante 950 años dio un resultado maravilloso hasta que hace 50 años fue talado el bosque que lo cubría.

Fortaleza de Kuélap.

Pasando un poco a Machu Picchu. Se quiere hacer un proyecto turístico que incluye un teleférico. ¿Qué piensa usted sobre ese tema?

No me gusta la idea del teleférico, porque para llegar al lugar el turista debe pasar unas horas. Ahora, esto lo presenté a la Unesco hace muchos años cuando era Director de Patrimonio Cultural. Me refiero a la idea de que los visitantes de Machu Picchu no pisarán necesariamente las ruinas, porque al final esto va a terminar mal. Están pidiendo que ahora ingresen con zapatillas y no con zapatos, pero son cosas pequeñas que no remedian. Entonces, yo pensaba que podría haber dos o tres carriles sobre las ruinas, no muy altos, para que no las pisaran, porque allá van miles de turistas.

Machu Picchu, una de las 7 maravillas del mundo.

Hay un problema de sobrepoblación de turistas.

Por eso. Es una cosa increíble.

¿Por qué durante tantas décadas no se ha excavado en Machu Picchu hasta ahora? Lo que se ha hecho es limpiarla, ponerla bonita para la foto, pero no hay estudios serios de excavación.

Se han hecho excavaciones, pero ya no dan más. Machu Picchu es conocida sobre todo por sus maravillas arquitectónicas y se pasan por alto los enormes andenes que lo rodean, y que debieron producir más de lo que necesitaban los que moraban ahí; mucho más, porque ahí vivían los que comandaban y los labradores. La hipótesis que yo sostengo, es que lugares como Machu Picchu fueron centros de producción agraria, en un momento en que la población en la sierra era mayor que en la costa, debido a que ahí ideaban mayor tecnología, mejor ingeniería hidráulica como los andenes. A mayor tecnología, más gente.

¿Qué opina del poco presupuesto que se le destinó al ministerio de Cultura en el 2020? Estamos hablando de S/. 605 millones de soles.

No solamente es cuestión de presupuesto, sino, también de personas. Tenemos excelentes personas y académicos que pueden manejar esto. No puedo dar nombres, pero hay unos cuatro o cinco que tienen corazón peruano.

¿Qué ministro le parece el mejor, de los 16 que ya han pasado en la cartera de Cultura?

Yo no conocí sino a uno, Petrozzi; pero estuvo solo 2 meses me parece. Lo fui a visitar para manifestarle que estaba disconforme con el cargo que estaba ocupado Sonia Guillén en el museo.

¿Para usted las momias de Nasca son falsas?

Sobre las momias con tres dedos, solamente tengo una idea personal y creo que son falsificaciones para ganar dinero. Mucha gente hace eso desde hace mucho tiempo, antes de que ustedes nacieran. También se habló de Chavín, de los Mochicas, o Los Incas un tiempo atrás. Decían que solamente pudieron levantar Machu Picchu los extraterrestres.

Cuando llegaron los primeros españoles y pasaron, no expresamente, por Chavín, les llamó la atención la grandeza [de esa construcción], a pesar de que estaba cubierto de lodo; y preguntaron a los lugareños quién lo había construido, y ellos respondieron que lo habían hecho gigantes. Las personas de esa época no concebían que lo hubiera realizado un pueblo pequeño.

Foto: El Comercio.

¿En qué está trabajando ahora?

Estoy trabajando en Chavín. Hace tres o cuatro años dejé las expediciones. Ahora ustedes dirán, para una expedición se requiere movilizar mucha gente por cuatro o seis semanas. Debe tener usted una gran fortuna. Pero, no es eso. Yo padecí mucho [cuando terminé mi doctorado]; no vengo de una familia adinerada. Tuve una beca en Estados Unidos, apenas terminé mi primer doctorado en arqueología. Vuelvo de la beca y digo qué hago ahora. Voy a tocar las puertas al ministerio de Educación, porque no me sentía todavía al nivel como para pedir una docencia en San Marcos.

Entonces fui allá para poder subsistir y en el ministerio me recibió un jovencito:

– Señor qué se le ofrece.

Yo le digo: “bueno, quisiera desempeñarme como profesor en alguna escuela”.

Cómo no, me responde: “¿Tiene usted algún estudio en Historia?

– Mire, he estudiado arqueología, me he doctorado incluso -, contesto.

– Ah no, ¿Usted no ha estudiado en la facultad de pedagogía?

– No, he estudiado puramente para la investigación en arqueología.

– Disculpe, no le podemos dar –, me respondió el jovencito.

Entonces caminaba yo por el centro de Lima, donde había las llamadas “escuelitas nocturnas” que era para la gente de servicio que iba de 7 a 9, y de 8 a 10 de la noche a seguir sus estudios. Toqué varias puertas hasta que en la tercera o cuarta, no recuerdo bien, me recibe una persona muy agradable, de aproximadamente cuarenta años y me dice: “Señor, pase. ¿Qué se le ofrece?” y yo le respondo lo mismo que dije en el Ministerio de Educación.

– Viene usted en el momento preciso, nuestro profesor de historia nos deja el lunes, así que venga usted a partir del miércoles.

– De acuerdo – respondo escuetamente ya que el señor estaba algo apurado.

– Pero no vaya a pensar que la paga es alta.

– No importa – le digo antes que el señor se marche.

¿Era un instituto?

Eran escuelitas en casas viejas; daban pena. Era para la servidumbre.

¿Qué edad tenía usted?

Tendría 26 años, era el año 1954.

Entonces regreso el miércoles y pienso “bien, por fin voy a tener una chamba”. Me reciben y me dicen todo lo referente a los horarios y el pago, y me preguntan si ya tenía algún tipo de experiencia enseñando. Yo le contesto que había estudiado arqueología y que recién había regresado de mi beca en Estados Unidos. No me dio el trabajo porque pensó que estaba completamente loco.

Tiempo después empiezo a trabajar en el Museo de Antropología, en el año 1979. Meses posteriores de haber iniciado a trabajar en el museo, una mañana, muy temprano, entro al museo y me percato que ya había gente cerca de un pasadizo de aproximadamente 100 metros, que conduce a la dirección. Me acerco y veo un grupo de hippies sentados en el suelo discutiendo sobre un huaco que estaba ahí dentro de una vitrina. Yo les explico a los turistas de qué cultura proviene y muchos más detalles que ahora no recuerdo bien. Estaban muy contentos de que una persona los hubiera atendido.

Luego, ya con más confianza, uno de ellos se me acerca y me pregunta si estaría dispuesto a cenar con ellos, no iba a ser en un hotel de lujo, eso ya me lo estaban dejando en claro. Yo acepté porque vi que estaban muy interesados en todo lo que les comenté.

Para la cena había llevado un equipo que proyectaba slides, lo cual era toda una novedad para la época, y solo unos meses antes había hecho un viaje a Chachapoyas y había tomado bastantes fotos del lugar. Ellos me preguntan si no había hecho algún tipo de investigación sobre las fotos que les estaba mostrando, y yo les contesto que no, porque para eso se requiere dinero y el gobierno no lo tiene, y el museo tampoco.

Luego uno de ellos me pregunta cuánto dinero se requeriría para realizar una expedición. Yo contesto que en realidad tendrían que ser dos expediciones, una para hacer la prospección y otra para la investigación donde trabajarían de 10 a 15 personas, y cada una de ellas costaría alrededor de cuatro mil dólares. Ellos se quedan pensando durante unos segundos y me comentan si estaría de acuerdo, si recibiría de ellos los 4 mil dólares para esa investigación. Yo naturalmente no lo tomé en serio y ahí quedó la cosa ese día. Me despedí y me retiré.

Tres semanas después mi secretaria me informa que había llegado un señor italiano que quería reunirse conmigo. No era uno de los italianos con los que me había reunido anteriormente; éste era uno alto y bien vestido, los otros eran hippies. Yo lo recibo y me dice “Dr. Kauffman, mucho gusto en conocerlo, acá le traigo un sobre con cuatro mil dólares, por favor cuéntelos, se lo manda el doctor Giancarlo Ligabue, el cual auspicia investigaciones en diferentes países en el mundo. Lo único que pide es que haga usted un buen informe y que diga de dónde sale la plata”. Durante todo este tiempo me han auspiciado 29 expediciones.

Entonces, quiere decir que ha tenido más apoyo internacional

Y un apoyo fantástico que nunca me lo imaginé. Año tras año siguieron apoyándome. Ha sido una suerte enorme.

¿Qué espera para el bicentenario ahora que se viene?

Espero que no inauguren el MUNA.

¿Qué opina sobre el fallecimiento de Pablo Macera?

Me dio mucha pena. Fuimos tres: Pablo Macera, Carlos Araníbar Zerpa, que era un genio realmente pero muy callado, y yo, que tuvimos la suerte de heredar las cátedras del doctor Raúl Porras Barrenechea. Así que me unía una gran amistad, pero nos dejamos de ver últimamente porque cada uno estaba en lo suyo; sabía que estaba un poco enfermo. Nos unía un vínculo muy estrecho, ya que éramos estudiantes y amigos del famoso Porras Barrenechea.

Historiador Pablo Macera.

¿Qué recuerdos de esas cátedras con Porras Barrenechea?

Nunca había visto unas clases tan magistrales. El hombre era un erudito increíble, y tenía una forma de exponer que nunca más he vuelto a ver en ningún conferencista; sus clases eran muy amenas. En cambio, un gran historiador peruano como Jorge Basadre –tuve un curso con él– era aburridísimo.

Lo mismo sucedió con Luis Eduardo Valcárcel, otro gran personaje que entraba al salón, miraba la ventana y empezaba su clase desatendiéndose de los pocos alumnos que lo escuchábamos. Aburridísimo; sin embargo, fue un genio que nos ha dejado una obra maravillosa, porque conocía el Perú, lo amaba.

Hay una serie de críticas respecto al vínculo con el fujimorismo de Pablo Macera.

Macera era de izquierda. De jóvenes todos éramos de izquierda. Yo era de centro, era secretario general del Centro Federado de Letras en el año 1953. Yo detesto la política, a pesar de que la política me ha embarrado en el buen sentido, porque he sido embajador en Alemania, pero de forma puramente casual, sin ser político.

En cambio, Con Macera, lo tomaron mal; lo pifiaron en la universidad. Es lo único que sé.

¿En qué gobierno fue embajador usted?

Con Alan García. Pero no he sido aprista nunca. Les voy a contar. En agosto de 1968, yo comenzaba a dictar mis clases en Bonn, invitado como profesor, ya que mi abuela me enseñó el idioma alemán. Estaba dictando mis clases y se produce la revolución de Velasco Alvarado. Yo no era ni político, ni me interesaba, pero me escribe del Perú un colega diciendo que había un alboroto muy grande entre los profesores y los jóvenes; sobre todo, porque se preguntaban: quién va a ser rector. Y me comenta, además, que me habían sacado de la universidad. En ese entonces, yo era director de la Escuela de Estudios Especiales y daba clases a extranjeros que venían al Perú.

El rector en ese momento era Luis Alberto Sánchez, y desde ahí me pusieron la cruz, como si hubiese sido aprista. Pasaron los años; en diciembre, antes de las elecciones de Alan García, me llama un señor que no conocía, Jorge del Castillo, y me comenta que me estaban invitando a un grupo selecto de 200 profesionales y que, en caso, ellos no llegasen al poder, de todas formas, nosotros podamos colaborar con ellos. Yo acepté encantado, porque éramos profesionales independientes y ninguno era aprista.

Federico Kauffmann Doig y Jorge del Castillo.

Pasan los meses y sale ganador el Apra, y entonces el señor Del Castillo sale nuevamente a decirme si yo podía presidir la Comisión de Transición del INC hacia el nuevo gobierno. Acepté nuevamente y empecé a trabajar con tres personas más, todos ellos eran apristas. Eso fue a mediados de julio antes del 28.

Con mi mujer estábamos pensando que me iban a pedir que me meta al “club” pero yo no quería, así que empecé a elaborar un “rollito” para cuando me lo soliciten, ya sepa qué contestarles. Dicho y hecho, un día me llama por teléfono el Presidente García y yo empiezo a soltarle el “rollito”; ya cuando estaba a punto de colgar le digo: “pero señor Presidente, sepa usted que me está mandando al mismo infierno de Dante”. El Presidente no era ningún bruto y tenía antecedentes de que yo sabía hablar alemán, “se va como embajador a Alemania”, respondió y colgó el teléfono y no me dejó ni siquiera decirle gracias.

Meses después me encontré con el señor Del Castillo y me confesó que fue él quien habló con el presidente García para recomendarme, porque sabía la injusticia que me habían hecho durante el gobierno de Velasco Alvarado al echarme de la universidad.

A los 93 años ¿Cómo evalúa su paso por la arqueología? Habiendo tantas rencillas internas ahí.

Qué le puedo decir; los problemas de las rencillas internas han sido siempre grandes. Se han formado grupos. Ahora hay un grupo en La Católica, y otro grupo formado hace mucho tiempo por Lumbreras. Cuando uno escribe más libros, más lo pisan; pero he salido adelante.

Usted ha vivido mucho, ¿Qué recuerdos le vienen?

He sido un mataperro de muchacho. Cuando terminé mis estudios en el colegio Guadalupe no sabía qué hacer, me volví hippie; me asocié con un amigo quien me metió la idea de ir a la selva y llegamos a un pueblito con lo único que teníamos en la mano, no teníamos dinero. Nos hospedamos en una casita donde vivía una pareja de esposos. En esa época existía la costumbre de ofrecer comida y alojar a los extraños. Luego, llegábamos a otro lado, y el cura y el alcalde se peleaban para darnos posada. Y así íbamos viajando y conociendo durante casi dos meses y medio, hasta llegar a Moyobamba.

Si lo tuviera enfrente al presidente ¿Qué le diría?

Que busque a un profesional de primera, que los hay en el Perú y que sí merezca ser Ministro de Cultura. Además, que tengan amor a nuestro patrimonio y que le digan no al MUNA.

(Entrevista publicada en la revista impresa Lima Gris N° 20)

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