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El negocio de la seguridad en Lima

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El negocio de la seguridad en Lima

Escribe Luis Chávez A.

Hablar sobre seguridad ciudadana hoy en día se ha vuelto tan común que muchas veces ya nada nos sorprende, frente a la ola delincuencial que azota nuestra ciudad. Secuestros al paso, asesinatos por encargo y/o ajustes de cuentas (sicariato); robos al menudeo, seguimientos exhaustivos, llámese los marcas, etc.

No olvidemos cómo la guerra interna, como le llamaron algunos, en otras palabras, la era de la subversión que se vivió en el país desde los primeros años ochenteros, golpeó ferozmente la integridad física y moral de los peruanos, tanto como la economía nacional (69,280 muertos y miles de millones de soles en perdidas). Afortunadamente el eficiente aparato de inteligencia ejercido en el gobierno de Fujimori, aunque atropellando frecuentemente los derechos humanos de peruanos inocentes, se encargó de erradicar a los grupos de lucha armada (Sendero Luminoso y el MRTA).

Hoy en día, ya no sufrimos de ataques terroristas por parte de algún grupo ideológico, pero en su lugar la “violencia” ha sido reemplazada por la delincuencia común, esa que se encuentra a la vuelta de la esquina, tanto en los conos alejados de la ciudad, como en los más exclusivos barrios de Lima. Y las autoridades, ¿dónde están? ¿dónde está el plan integral de Seguridad Ciudadana, que prometió la gestión del presidente Humala? ¿Dónde está el trabajo conjunto de la Municipalidad Metropolitana de Lima con el Ministerio del Interior? Al parecer no dejará de ser pura propaganda.

De esa forma, el control de la delincuencia y de la inseguridad que se vive en nuestra sociedad, es neutralizada por otras herramientas, también inherentes a la problemática social y corporativa de nuestra coyuntura. Hablamos de la “seguridad privada” que hoy por hoy anda creciendo a pasos agigantados en el tortuoso camino del riesgo y la violencia.

Por ejemplo, ¿qué pasa si es que la comisaría del sector no coloca en las calles un suficiente contingente policial para el control del orden público? o ¿si los ya conocidos “serenos” rondan por nuestra calle, cada dos horas?  Ocurren entonces todos los delitos posibles en contra de nuestros parientes y vecinos.

Pero felizmente con la colaboración de esos personajes especiales, podemos hallar una especie de control del riesgo, y mejor aún, una cultura de la prevención que nos ayuda eficazmente a impedir ser presa de las crónicas rojas al día siguiente.

Guachimán, le llamamos los que muchas veces desconocemos su incesante labor de seguridad, pues, el común denominador cree que estos colaboradores de la seguridad particular, se para en una puerta solo para estar como un poste que no ata ni desata, olvidando que la gran mayoría de ellos, al postular a un empresa de seguridad, deberán pasar primero por un exhaustivo examen de antecedentes personales, para luego afrontar una serie de exámenes físicos, psicológicos y psicotécnicos, logrando enviar así a la persona optima para ofrecer el más eficiente servicio, claro que en la practica ocurren muchos desbalances cotidianos que ponen en tela de juicio la competitividad y lealtad de estos agentes. Una de las razones mas frecuentes para que ellos se sientan desmotivados para brindar el mejor servicio, es el constante maltrato que reciben de parte de sus clientes, y también de sus jefes inmediatos, los llamados supervisores y jefes de operaciones que fungen de “generales” en su trato castrense.

El asunto es más o menos como lo indico a continuación: una empresa X que requiere contratar a un agente y/o vigilante de seguridad para que controle y vigile sus instalaciones, deberá primero seleccionar la empresa a contratar, para que le proporcione el agente debidamente calificado para el puesto, una vez hecho el trato con la empresa de seguridad, las más competitivas en el mercado son JyV Resguardo, Securitas (ex Forza), Seguroc, Prosegur (ex Orus), y G4, entre otras. Ésta le envía un agente de acuerdo a lo requerido, y luego de firmar un contrato empieza el vínculo contractual.

El negocio está en que la empresa de seguridad que suministra el agente a la empresa “cliente”, le cobra por éste, alrededor de dos mil, a dos mil quinientos soles mensuales, mientras que el agente solo cobra como remuneración algo de setecientos sesenta, a novecientos soles mensuales, convirtiéndose así en el último eslabón beneficiado en la cadena. Imagínense multiplicar dicho monto por diez, o veinte agentes enviados. ¿A cuánto asciende la ganancia de la empresa de seguridad? Asciende pues, a quince mil soles por diez hombres; y a treinta mil soles por veinte hombres. Y estamos hablando, mensualmente ¿Acaso no es jugoso el negocio? En algunos casos se cobra por cien, o doscientos hombres, en caso de grupos o empresas de grandes magnitudes.

De la misma forma sucede con los guardaespaldas, que en el argot de la seguridad son más conocidos como resguardos personales, u hombres de seguridad. Por ellos, que en realidad son expertos en tiro de reacción, defensa personal, y maniobras evasivas a pie y en desplazamientos vehiculares; una empresa de seguridad cobra alrededor de siete mil, a diez mil soles mensuales, dependiendo de la unidad requerida (se llama así al lugar: minera, industria, embajada, etc.) y de su prestigio como empresa (las más caras en el mercado son Securitas, Seguroc y recientemente Prosegur).

Pero tampoco desalentemos los que vivimos en zonas algo más modestas, pues desde las ultimas dos décadas está muy de moda tener un vigilante de la cuadra. Se llama así a los que vigilan las calles de acuerdo a su radio, ellos están en su labor desde los barrios más residenciales, hasta los más humildes, y su mecanismo es sencillo, todos los vecinos de una cuadra se ponen de acuerdo, y contratan a dos vigilantes para que vigilen su calle, en dos turnos de doce horas cada uno (día y noche), pagándoles ellos mismos su salario cada fin de mes, luego de haber recaudado una especie de chancha. La diferencia es que estos agentes cobran mucho menos (algunos apenas 600 soles), y sin ningún tipo de beneficios sociales, claro que el riesgo para tales vecinos es que quizá hayan contratado a un jefe de banda delincuencial, o a un “campana” que canta todo lo que ve de sus vecinos dizque cuidados, pues en tales casos es raro ser meticulosos a la hora de contratarle.

Algo parecido sucede en las calles con las meretrices y/o travestis que patinan en las sórdidas arterias de Lima por las noches, pues se obligan a pagarle a un “caficho”, más que el concepto de proxeneta; su derecho a cierta seguridad y protección, en caso que un atrevido parroquiano ose traspasarse.

En el caso de los penales, o la “cana”;  también existe el derecho a piso, al menos en San Pedro (Lurigancho), pues allí todo tiene un precio, hasta el aire, y espacio que ocupas cuesta; y si un “precioso” (reo o preso) cayó por “violín” (violación), con antelación se sabe de su ilícito,  y se le cobrará del mismo modo con la ley del “burro”. Para evitar ello, tendrá que pagar una buena suma quizá al “delegado” del pabellón para asegurar su integridad y seguridad allí dentro.

Una modalidad de seguridad que siempre me causó risa, pues nunca reconocí capacidad de reacción en sus hombres, es la de los Agentes de espectáculos y eventos.

Empresas conocidas como Vip’s y 911 se encargan de enviar a eventos de espectáculos, conciertos, carreras y maratones, etc., a unos súper-hombres con brazos de Hércules, de 1. 80 para arriba, algunos mastodontes que parecen mastines gigantes, pulposos pero que apenas muestran reflejos, para poder repeler algún ataque, pues son lentos, y no tienen casi ninguna preparación, más que hacer solo pesas. Sin embargo parecen hacerse temer con los que intentan acercárseles.

Así pues, existe el otro lado de la seguridad, la privada, la sui-generis, la alternativa, que si bien busca contrarrestar la falta de apoyo policial, municipal, y la falta de políticas gubernamentales para el  control de la delincuencia; también es cierto que su mayor objetivo no es acabar con la zozobra de la población insegura, sino más bien lucrar a expensas de esa sensación de inseguridad que tendremos por mucho tiempo aún.

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