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El corral y el viento, de Miguel Hilari (Bolivia, 2014)

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Escribe Mario Castro Cobos

O cómo se dice Rousseau en aymara

¿Película sobre la educación? ¿Película sobre la libertad? El abuelo del director —un campesino aymara— encerrado con los burros al pedir lo prohibido a sus patrones: que le enseñaran a hablar y escribir en español. ¿No es ésta una gran enseñanza, que además no ha perdido ni un ápice de actualidad? El problema por tanto, o el tema, ahora, es tanto o más que el abuelo, si muchos años después, el nieto cineasta ha tenido que compartir espacio con los burros del cliché para agradar al gusto europeo en papel de patrón. ¿Lo ha hecho? Pregunta por supuesto extensiva al cine más independiente que intentamos construir en estas tierras…

Las mejores escenas, de lejos, las más inquietantes, son con niños. Cuando ellos toman el protagonismo. Los niños son cruciales en esta película. Los niños son los ‘buenos salvajes’. Las tabula rasa. Los niños son lo no-civilizado. Los niños son viento que será encerrado en un corral. Los poemas que recitan ante la cámara van en ese sentido de implementación ‘graciosa’ de animales amaestrados, algo que incluso puede divertir a ciertos públicos.  

El corral y el viento suena nítidamente a el barro y el alfarero. Los niños pueden ser y son corrompidos por la educación impartida por los mayores. No niego que la educación puede ayudarlos, sin duda, ‘también’ a ser mejores, como se dice. Pero, por o menos, la ambigüedad está instalada. Los niños son los actores dirigidos por sus padres, o profesores, los niños son los colonizados, dirigidos por sus colonizadores colonizados a su vez en bucle infinito. Y quién nos descolonizará en medio de esto. ¿La estética del director?

Mi escena favorita: el niño y la niña con gorro militar, el contacto corporal entre los dos niños en la digamos libertad del juego, en la ambigüedad del juego, y casi diría, por qué no, en la sexualidad del juego, podríamos ir de la inocencia al juego de poder también, y del retrato de los diferentes roles que tal vez asumirán si es que no lo están haciendo ya…   

Como en Kiarostami, hay un delicado trabajo con niños. Su futuro, su conciencia, sus metamorfosis, inquietan. Pero cuál es la pedagogía de la mirada en El corral y el viento. Tal vez es en parte se trata aún de una mirada quebradiza, pero consciente de la complejidad, y consciente de que hay más abismo para mirar. Y para hacer. Los niños de Perut & Osnovikoff en El astuto mono Pinochet contra los cerdos de la Moneda (Chile, 2004) eran una línea creativa a seguir… porque la pregunta puede ser: ¿qué nos pueden enseñar los niños no solo de ellos sino también de nosotros mismos?

Película proyectada en la Galería Lucila Walqui.

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