Opinión

Desbancarizar la mente

Lee la columna de Fernando Casanova Garcés

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Por Fernando Casanova Garcés

María, peruana, solicitó retirar 25% de su AFP conforme a ley. Un eficiente BBVA le abrió en automático una cuenta a cero costo para ello y en la comodidad de su celular. María conserva el dinero en dicha cuenta gastando lo necesario en alimentación, no le cobran mantenimiento, es fácil y rápido. ¿Por qué fue tan proactivo el BBVA? El banco rentabiliza en promedio hasta un 12% el dinero de María. Es decir, por cada cien soles que les da María, el banco ganará doce cada mes. Pero eso María no lo sabe o no le importa. Le basta, como a muchos, que el banco “cuide” su dinero. Si fuera al revés, si el banco le diera el dinero a María, le aplicará 16.5% de interés, más costos de mantenimiento, mora, penalidades, membresías, y un largo etcétera que sincera el monto en 20% adicional.

Los bancos no tienen dinero, gestionan dinero, nuestro dinero. Recordemos que la banca fue auxiliada en pandemia con 60 billones de soles dispuestos para que mejor los rentabilice, es decir, fue rescatada con nuestros impuestos y una clase política que siempre ha estado loca por los banqueros y sus mimos. Esa convivencia ha permitido la mayor tragedia del siglo XX, el sometimiento de las familias a la bestialidad de la anaconda financiera. Amenazas virales, fenómenos climáticos, violencia urbana, intereses aritméticos, moras impagables, lo cotidiano en el Perú se ha vuelto luchar contra la muerte. Si la sociedad fuera un cuerpo, el corazón que bombea la sangre serían los bancos, y ello determina la salud y tipo de sociedad que hoy vivimos.

Las deudas bancarias han tomado un volumen nunca antes visto en la historia de la humanidad. Nuestro país debe al FMI 78 mil millones de dólares, lo que significa que cada niño que nace, a cambio de pan, trae bajo el brazo una deuda de tres mil dólares. El 25% de esa deuda son intereses, dinero que se “gana” por el solo paso del tiempo, mirando sin esfuerzo, amparados en la ley. Los negocios bancarios, expuestos sin los artilugios del lenguaje financiero, nos hacen quedar como completos idiotas, para ellos somos hámsteres girando en su rueda de perversión, y como precisa J. Stiglitz, premio nobel de economía, “los bancos han contaminado la economía mundial con basura tóxica, y es una cuestión de equidad y de eficiencia que se les obligue, ahora o más adelante, a pagar el precio de la limpieza, tal vez en forma de tributos”.

El informe económico denominado “Evaluación de pobreza y equidad en el Perú”, evacuado en abril del 2023 por el Banco Mundial, resume que después de la pandemia al menos 4 millones de personas habrían perdido el acceso a servicios básicos como internet, electricidad y… servicios financieros. Es cierto que el sistema financiero atraviesa la vida social y es casi imposible realizar cualquier actividad económica sin la intervención de un banco, pero también es cierto que sufrimos las tasas de interés más altas de la región, que no hay posibilidad de negociar sus contratos en masa, que cuatro bancos controlan el mercado, que no se sinceran las inversiones bancarias de nuestros ahorros, que varios bancos son principales deudores tributarios y titulares de cuentas en paraísos fiscales, que son dueños de la prensa concentrada, que financian campañas políticas para que nada cambie, en fin, es cierto que después del futbol lo popular es quejarse de los abusos del sistema financiero. Se les odia cómodamente.

Lo que fueron derramas, beneficencias, auxilios mutuos, cooperativas, mutuales y muchos medios populares de ahorro sucumbieron a una legislación que exprofesamente ha perseguido alternativas financieras distintas a las bancarias. Curiosamente muchas quiebran y varias otras son cerradas por una proactiva SBS que mira al cielo cuando Dionisio Romero anuncia como lechuga haber financiado a Doña Keiko debido a la “amenaza chavista”. Lo cierto es que las placas metálicas del status quo crediticio presentan fisuras. Ideas como las juntas, los panderos, los “banquitos” familiares, las Fintech y los Neobanks empiezan a develar otro mundo posible y a la banca clásica como el negocio parasitario que es. Pero el sistema no cambiará una realidad tan conveniente para sí, tenemos que asistir a un despertar para hacernos responsables únicos de nuestras finanzas y arrebatarles nuestro futuro a los usureros de saco y chequera, mudar la piel, salirnos de su matrix, interiorizar al fin a Rousseau cuando apunta “Qué grande y hermoso espectáculo es ver al hombre salir de la nada por sus propios esfuerzos; disipar por medio de las luces de su razón las tinieblas en las cuales la sociedad lo tenía envuelto”.

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