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El Congreso y el mundo simbólico

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Escribe Gabriel Zamalloa

Dylan Truliner: Vez mi sueño, ¿Robin? ¿Robin? ¿Puedes ver mis sueños?

Robin Wright: Cuatro cucarachas jugando joker en tus piernas. ¿Ese es tu sueño?

Dylan Truliner: Así es, pero no es el mío.

  • El Congreso (2013)

 

No es un secreto que se necesitan símbolos en cualquier obra de arte, pero muchos olvidan que estos símbolos son necesarios para vivir el día a día. Son los que nos motivan;  son los que nos indican que acciones son correctas y cuales no; son los que en el peor de casos, cuando ya estamos a las vísperas de la desesperación, nos dicen cómo actuar. En pocas palabras, si uno puede guiar un símbolo de una forma adecuada, puede guiar a los sujetos de una sociedad y la sociedad misma, hacia una transformación beneficiosa.

El problema viene que esto no siempre es benevolente, hay muchas películas que en verdad hubiera sido mejor que no se hubieran hecho, muchas series televisas que deforman su tesis para justificar una prolongación indefinida y muchos video juegos que se queden en lo superfluo e irresponsable. La película El Congreso, cuenta una historia sobre el uso irresponsable de los símbolos.

Todo el mundo se acuerda de Robín Wright, quieras o no, porque es Jenny de Forest Gump. Al comienzo de la película se muestra a la actriz al final de su carrera, nadie la quiere contratar por sus ataques frecuentes de ansiedad y debe cuidar a su hijo que está a punto de quedarse sordo. De pronto se acerca un ejecutivo de estudio y le hace una oferta indecente: ella deja que le escaneen todo su cuerpo, rostro y  sus expresiones mientras ella recibirá un gran sumo de dinero. El estudio usara lo escaneado para construir una imaginen holográfica de Robín, así puede actuar en películas por el resto de la eternidad.

Fuera de dilemas éticos presentados por este modelo de producción, al usar la imagen holográfica de una actriz, se pierde la espontanead de la expresión, negando el flujo del tiempo, ya que siempre se basara la actuación en el mismo set de expresiones. Uno ya puede imaginarse las inconveniencias, ya que solo hay un límite de expresiones a la mano y no será extraño que una actuación sea muy parecida a la otra, inclusive cuando se está retratando personajes muy diferentes.

Y más allá de eso, el cine es movimiento encajado por el tiempo, de esta forma es inmoral y poco ético negar el cambiar, ya que esto implicaría que las cosas y las personas son estáticas, cuando en verdad están en constante movimiento. El desplazamiento es parte de estar vivo, si niegas eso niegas a la vida misma. Y así vemos el primer acto el inmoral, la expresión que viene de un lugar simbólico e irreal es estatizada y repetida hasta el cansancio, mucho más allá del agotamiento.

Regresando a la película, Robín, después de meditarlo a gritos y golpes con su agente, toma la oferta, es escaneada y se vuelve famosa otra vez. La película salta a veinte años después donde se ha descubierto una tecnología especial para convertir a las personas en dibujos animados, no se puede negar lo divertido que puede ser esto, pero el ejecutivo hollywoodense otra vez se acerca con otra propuesta indecente.

Robín tendrá otra tonelada de plata, si ella firma un contrato que permite al Studio vender una coacción liquida para que cualquier persona pueda transformarse en ella por unos días. Es un poco el sueño deforme de los fans poder convertirse en uno de sus personajes o actores favoritos.  Pero un poco como el complejo de Superman, está ofreciendo algo que no es suyo para ofrecer ya que es inalcanzable tener, esto es el segundo acto inmoral.

No puedes ser uno de personajes favoritos, es un personaje ficticio, inventado. Tampoco puedes ser uno de tus actores favoritos, ya que es otra persona. Los ejecutivos de Cine, no se dan cuenta que al ofrecer lo inalcanzable están condicionando a las personas a buscar lo inalcanzable. Esto lleva a un lio de malestares ya que lo que quieren nunca lo tendrán, sin embargo ansían por él. Llevando al sujeto a dos respuestas claras, la de la rabia o la de la apatía.

Después de la segunda propuesta indecente del productor, Robín gracias a un ataque de un grupo rebelde, queda atrapada en el mundo animado, en un mundo simbólico. Ella desesperadamente busca la salida para poder reunirse con su hijo, lo logra pero le demora veinte años. Al salir encuentra el mundo en un chaos absoluto. La mayoría de personas entran al mundo simbólico y no salen, sus conciencias viajen pero sus cuerpos se quedan en mismo lugar, sin ninguna prescripción a su entorno o bienestar, terminan siendo personas que solo pueden apreciar lo fantástico, mientras que lo real lo ignoran completamente. Más allá de eso, el resto del mundo ya está cayendo a pedazos, nadie lo cuida, por lo tanto termina siendo lugar poco sensato para vivir.

Y aquí esta tercer acto inmoral, ignorar el mundo real por lo inalcanzable. Los ejecutivos de Hollywood ofrecen esto como una solución viable, pero no tienen en cuenta sus efectos negativos, el mundo cae a lo apocalíptico porque todos se pasa el tiempo soñando lo que jamás podrán tener. Y si uno puede decir que existe en un mundo simbólico, pero un mundo simbólico sin mundo representativo  puede caer en lo amorfo con facilidad, en lugar donde los limites se difuminan y el yo deja de existir.

Lo contrario pasa en el mundo representativo sin simbólico, como ninguna fuerza movilizadora indica que acciones son correctas y cuáles no, se imponen reglas ridículas y medidas para que tales reglas sean  efectuadas. El mundo se vuelve mucho más duro y más difícil de lo que debe ser, ya que si uno no sigue un lio de reglas imposibles de seguir, será castigado.

Todo implica una responsabilidad cuando alguien hace cualquier obra de arte: de siempre buscar la espontaneidad en la actuación, de nunca pintar lo inalcanzable, como alcanzable (esto más que todo sirve para el mundo interno y las acciones de un individuo o sociedad en el contexto de metas y objetos, aspectos fantásticos como un hombre que levita son morales con tal que no se plantea como una meta que todos deben perseguir) y  siempre remitir a lo real (las películas fantásticas son morales e éticas en este aspectos por que remiten a lo real a partir de coyunturas psicológicas, estructuras sociales, etc.). Así el arte puede ayudar no solo a construir una sociedad más segura pero una sociedad donde el placer es más fácil de alcanzar.

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