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Campanas de Belén

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Tanto hablan de Belén. Belén por aquí. Belén por allá. Belén. Belén. Campanas de Belén. Parece que todos quisieran ir a Belén. Pero Belén queda aquí nomás (y no en Palestina) y es uno de los barrios más pobres del Perú, arrimado a un río putrefacto en Iquitos, sin servicios básicos con mosquitos y todas las plagas existentes. Sus desechos van a dar al arroyo donde se bañan y de donde sacan el agua para cocinar. Ese es el Belén que no quisieras ver ni en tus peores pesadillas.

Y este es el Belén al que los reyes magos y papá dios y papá gobierno le dieron la espalda. En diciembre del 2014, el congreso aprobó una ley que buscaba reubicar a las casi tres mil familias de este barrio y se propuso que el ministerio de Vivienda desembuchara  174 millones de soles en un lugar entre Iquitos y Nauta. Todo estaba bien, pero como siempre, no se dieron cuenta de que estas familias viven del turismo y de sus ventas, la mayoría son artesanos o gente dedicada a la venta ambulatoria, aparte de que pescan y que cultivan sus propios alimentos.

Sobre todo, porque los beleninos son desconfiados del gobierno central que nunca hizo nada por ellos, ¿por qué ahora quisieran trasplantarlos a otro lugar? Para remate la zona elegida ya había sido invadida por 400 familias que se negaban a salir y defendían su invasión a sangre y fuego. Incluso un político desalentado dijo una vez, y como solución final, que era mejor construir un muro gigante para que nadie vea esta calamidad como se hizo en Chile con muchas “villas miserias”.

Mientras tanto, los turistas recorren el afluente Itaya de Belén con la boca abierta viendo cómo los niños se bañan en una sanguaza excrementicia, cómo sobreviven estos peruanos (de segunda categoría, tal y como los motejo Alan García) en un mundo hostil como si un castigo divino o bíblico hubiera caído irremediablemente sobre sus vidas. Solo y de vez en cuando se ve a grupos de jóvenes voluntarios que vienen a hacer reír a los niños e intentar solucionar sus graves problemas.

No estaría mal que todos esos espíritus alegres que le cantan a “Belén” vengan a este Belén de Iquitos. Está claro que aquí no encontrarán a un pesebre ni habrá una estrella brillante arriba porque aquí el dolor es tan grande que impide levantar la cabeza.

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