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Breve comentario sobre la novela “Héroes de la frontera” de Dave Eggers

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La literatura norteamericana tiene grandes novelas denominadas “de carretera”, las cuales bosquejan una atmósfera vitalista y siniestra en el desarrollo de historias que cuentan con personajes de distintas características, pero que esconden el mismo objetivo: escapar de algo o de alguien.  Entre los ejemplos más representativos y conocidos tenemos a “Lolita” de Vladimir Nabokov, “En el camino” de Jack Kerouac, “La carretera” de Cormac McCarthy, “Hacia rutas salvajes”de Jon Krakauer, entre otros.

A esta lista de autores se sumaría Dave Eggers con su novela “Héroes de la frontera”, publicada en el 2016. La diferencia entre este libro con los ya mencionados, radica en que esta vez se trata de un personaje femenino quien busca huir de todo, de todos y hasta de sí mismo. Ella es Josie, nuestra heroína de las carreteras norteamericanas, la chica feliz de los suburbios personales.

Habría que preguntarse: ¿qué sucede para que una mujer muy simpática, profesional y madre de dos preciosos niños decida escapar de su ciudad, de su profesión y de su familia?  Es inevitable no compararla con la entrañable Nora de “Casa de muñecas”, pero en este caso se trata de un personaje femenino que ha evolucionado psicológica y socialmente (son otros tiempos). Ambas son asfixiadas por las conductas indiferentes y machistas de sus maridos, por una sociedad que les ha dado la espalda en los momentos más críticos y por un pasado que ha ido formando sombras terribles sobre sus espaldas. La heroína de Ibsen es más compleja y oscura, se aleja hasta de sus hijos para encontrarse a sí misma ¿lo habrá logrado? a diferencia de Josie, quien emprende el viaje de autoconocimiento con sus dos pequeños hijos, lo cual agrega a la historia muchos detalles difíciles y complejos que la van enriqueciendo con el correr de las páginas.

Josie lo ha perdido todo, menos la valentía y las ganas de enfrentarse al mundo. Ha perdido el local donde trabajaba como dentista, a un torpe e indiferente marido que ha decidido irse con otra mujer, a un joven amigo que murió en Afganistán (aconsejado por ella para emprender el terrible viaje, y de lo cual nunca se podrá perdonar) y la confianza en sí misma.

Es por ello que emprende una gran odisea, sin destino alguno, por la carretera de Alaska junto a Paul (8 años) y Ana (5 años), los otros entrañables héroes de la novela.  El primero, pese a su corta edad, funciona como una voz madura que intenta concientizar a su madre respectos a algunas decisiones que esta toma, detalle que se infiere desde que nos enteramos de los cuidados exagerados que tuvo con su hermanita recién nacida.  La segunda es la que nos sumerge en un desconocimiento total de esta aventura, con una pequeña mezcla de alegría y de temor.  Lo curioso es que estos dos personajes representan muy bien la personalidad de su madre. Por un lado, la sensatez y la racionalidad en no sobrepasarse cometiendo algunos actos que los perjudicarían totalmente; por otro lado, el frenesí, la pasión, el miedo y el desconcierto ante los lugares por donde transita la destartalada caravana que han alquilado.

La felicidad, según el narrador en tercera persona omnisciente de la historia (en ciertos pasajes de la novela pareciera que es una voz lejana de Josie, ya que también sufre los estragos de todo lo que sucede alrededor) pueden ser de dos clases. La primera radica en aquella que permite encajar en una “sociedad sana y perfecta”, con el rótulo de buena persona en diversos ámbitos, pero sobre todo en lo familiar, es decir, una felicidad de apariencias y máscaras. La segunda consiste en dejar las caretas de lado para emprender una búsqueda hacia sí misma; abandonar la sociedad y la etiqueta de ser un ejemplo para todos, buscando un ideal más descarnado y sincero. Es cierto que este tipo de felicidad muchas veces es catalogada como peligrosa, pero eso importa poco o nada a la heroína de nuestra historia.

Uno de los aspectos más trascendentales son las reflexiones que van surgiendo en todo el recorrido y en los lugares donde se quedan a pernoctar.  El narrador alcanza una identificación con los sentimientos y el mundo interior de nuestra protagonista, mostrándonos una personalidad y pensamientos que habían sido reprimidos anteriormente:

“La sensación de desolación y desesperanza, todo se había, ¿qué era tanta mierda? ¿Quiénes eran esas personas de mierda que la rodeaban? ¿Qué era todo eso? No importaba, y todavía debía mucho dinero de aparatos, era esclava de todo aquello, quiénes eran esas empleadas de mierda que no tenían ni idea de que la deuda le atornillaba el cráneo”.

Esta cita es muy interesante, pues no solo da a conocer la precariedad de su mundo interno, sino que también permite saber algunos aspectos de una sociedad norteamericana que aparenta ser perfecta y exitosa:

“¿Cómo podía alguien como Josie trabajar y ser madre y no obstante no terminar convertida en un fracaso, en una paria, en esa escuela normal de aquella ciudad del montón? La habían inducido a creer que en Estados Unidos tener empleo significaba trabajar cuarenta y ocho horas semanales”.

Existe una fuerte crítica al mundo laboral estadounidense y a la posición que tienen las mujeres que sobreviven a este contexto. Los métodos que emplea el sistema capitalista se enfocan en vivir entre apariencias y falsas alegrías, ocultando y reprimiendo algunas conductas que nos hace recordar que ante todo somos personas libres y con ilusiones. “El gran sueño americano” no es más que un camino tortuoso que nos obliga a generar dinero a costa de la felicidad, del tiempo y de ser nosotros mismos.

La línea argumental de la novela podría establecerse bajo tres elementos complementados entre sí: muerte – renacimiento – iluminación. No desde una postura budista u orientalista, sino desde un pensamiento netamente occidental, pues Josie es una heroína que cae muy bien porque está plagada de malas decisiones que atentan contra ella y sus hijos.

La obra inicia con una atmósfera emocional sombría y decadente. Josie en un estado depresivo inicia el viaje (símbolo de la muerte) junto a sus dos hijos, quienes se encuentran totalmente asombrados por la decisión tomada. Las descripciones que hace el narrador sobre Alaska son muy interesantes, pues confirman lo expuesto:

“¿Dónde estaba la Alaska de la magia y claridad? El lugar se estaba ahogando bajo el humo de una docena de incendios forestales, que se extendían por el estado como los fugados de una prisión y no resultaba nada majestuoso, no, aún no”.

La imagen de los incendios forestales refleja la atmósfera de toda la novela, pues agrega un simbolismo oscuro al destino de los personajes. En cada lugar que van, aparecen bosques consumidos por el fuego y que ponen en peligro la vida de los tres, incluso cuando Josie piensa que todo va ir bien.

Ante esta imagen catastrófica del fuego aparece la de los paisajes bellos como elemento de oposición.  Vamos a pasar de unas reflexiones pesimistas a otras positivas, aduciendo que el esplendor de la naturaleza permite que nuestros tres héroes sientan un renacimiento de sus vidas y emociones. El narrador se cuestiona si es que de verdad se podría renacer en una tierra de montañas y de luz. La respuesta es que sí es una posibilidad.

Una pequeña cita refleja lo mencionado:

“Mientras el sol le pintaba huellas de colores en los párpados, Josie tuvo un sentimiento de pertenencia. Tenía amor para todos”.

Este es un pequeño ejemplo de algunas situaciones en que el narrador relaciona a nuestros protagonistas, en especial a Josie, con los detalles positivos de la naturaleza, cambiando la anterior atmósfera oscura por una totalmente luminosa.

Es necesario mencionar que los estados emocionales, productos de la visión opuesta de la naturaleza, se van alternando en gran parte de la historia. Todo ello va acompañado de pequeñas pero muy significativas aventuras que tienen Josie y sus hijos con otros personajes. Algunos de estos transmiten calma y sosiego, otros solamente atormentan.

Dave Eggers.

¿Tan lejana de nosotros está la felicidad? Nos pasamos varios días preguntándonos por qué no podemos disfrutar de ella, quizás por nuestras malas decisiones, quizás por la falta de motivación en realizar algunas acciones, quizás nadie nunca lo sepa.

Al final de la historia, pareciera que nuestra heroína sí lo ha llegado a saber, encontrando el sentido de su propia existencia, y con ella, la luz y la calma. Este fragmento final refleja muy bien todo el viaje y la peregrinación por Alaska:

“Habían creado música histérica y se habían enfrentado a obstáculos formidables en este mundo y habían reído y habían triunfado y habían sangrado, pero ahora estaban juntos, desnudos y calientes, y el fuego que tenían delante no se apagaría. Josie miró las caras ardientes de sus hijos y supo que estaban donde debían estar, qué quiénes eran debían ser”.

“Héroes de la frontera” de Dave Eggers es novela que conmueve y golpea hasta darnos cuenta de que, en algunas circunstancias, debemos tomar grandes decisiones de una vez por todas, pues el cáncer del tiempo (Henry Miller dixit) nunca se detiene.

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