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Blanco y viciado responsable para un país viable

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A puertas de una nueva elección presidencial, el principal rival a vencer parece ser la apatía electoral ciudadana que campaña tras campaña, quinquenio tras quinquenio a todas luces va creciendo y no es para menos pues los políticos que han ido pasando se han encargado de hacer los méritos suficientes para el descrédito absoluto de las promesas y planes de gobierno.

Ya es harto conocido que los candidatos sin excepción dicen lo que sea con tal de llegar al poder, una cosa más descabellada que la otra y no se trata de pelonas ni pelones, sino que eso como consecuencia lógica ha generado un distanciamiento cada vez más marcado por parte de un sector de la población, tanto ha llegado a crecer que ahora parecieran ser un grupo político más con un 10 a 15% de fuerza, un blanco viciado inconquistable, que no se deja seducir, que es agudo y crítico, que se emancipa de los apasionamientos partidarios e incluso miran con indiferencia rayana en el desaire a los demás, a veces por encima del hombro pero otras con lástima, como si hubieran entendido algo que el resto no y, ciertamente es así.

Van a la fiesta democrática pero no bailan con nadie, no les gusta la música, el escenario y menos los invitados. No se mezclan, están envueltos en un halo de misticismo, de sabiduría del olimpo incomprensible para los votantes terrenales y por esta razón son respetados, han demostrado tener la capacidad de poder ver más allá de la sonrisa disecada y ensayada del postulante a la presidencia de turno.

Pero ahora es distinto, pues este domingo no se elegirá a un candidato, la elección no recaerá ni se individualizará en una persona que puede caer mal o bien, simpático o antipático, sino que, la elección de este 5 de junio recaerá sobre un sistema de gobierno específico, hay dos en disputa: 1) Uno que garantiza de manera decidida la alternancia pacífica en el poder y 2) Otro que genera palpables dudas de un enquistamiento feroz, sin escrúpulos por un largo tiempo oprimido en todos los poderes, a todo nivel.

Y el grupo blanco viciado sabe que hemos llegado a un punto de no retorno, sabe que en un hecho histórico pocas veces visto, la izquierda peruana ha decidido apoyar a la derecha, dando cátedra de patriotismo, de voluntad política, de poner a la democracia por encima de cualquier ideología, eso por decir lo menos, es hidalgo y hasta conmovedor.

Una lección de buen talante y alma social, digno de aplaudir e imitar. Comparable quizá con la Asamblea Constituyente y elecciones del 78, donde partidos y movimientos políticos de derecha, centro e izquierda rechazaron a la dictadura Velasquista. El blanco–viciado sabe que tiene al Perú en sus manos, sabe que puede inclinar la balanza a favor de la democracia.

Con el transcurrir de las horas, varios gremios y grupos ciudadanos están tomando posición cerrando filas ante el inminente riesgo de un gobierno que de seguro se convertiría en de facto.

El blanco-viciado sabe que con esa misma agudeza que tiene para desmenuzar las mentiras electoreras de un candidato, en esta oportunidad le toca ser responsable, ceder para impulsar al país, bajar al llano para volver a subir y tomar una posición ya que de no hacerlo, probablemente en el 2021 ya ni siquiera los dejarán votar, pues ese derecho podría llegar a ser nada más que una añorada fantasía en un papel. Sí, como en los 90s cuando te quitaron la voz y te robaron los votos. Blanco y viciado responsable para un país viable.

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