Opinión

A propósito de ‘Anora’, de Sean Baker

Lee la columna de Mario Castro Cobos

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¡Consume y olvida! Ah, el cine pasatista, ¡no pasará! (1). Aquí, en un país llamado Perú, desde donde escribo, había un político que dijo de otro político que “había cambiado la Historia por la quincena”. Es una bella frase; muy cierta, además. Y añado que el político que acuñó tal frase también cayó bajo su hermoso filo… (2).

Es como si uno cometiera una especie de pecado al no ser tan banal como lo exige la época. La época, y/o las campañas de marketing.   

Es como si uno cometiera una especie de pecado de orgullo al amar ciertas grandes películas, que otros, en su orgullo, se enorgullecen de ni siquiera conocer o apreciar debidamente…

“Porque creemos firmemente que nuestro deber en el contexto del cine industrial (¡¿indie?!) es llegar a las masas hambrientas con elaboradas simplezas. En este caso, embrollada en la simpática y energética superficie y simplona en el torcido corazón. Otro tonto que intentó hacer a la vez cine de autor y cine comercial. Y encima, con la gastada etiqueta indie pegadísima al trasero.

Como el mundo está lleno de cenicientas proletarias, qué más da un nuevo pinchazo de fantasía vacua. La actriz hace quizá el papel de su vida; el personaje construido por el director, sin embargo, tal como es y tal como parece, no ve ni nos hace ver más allá ni de sus narices ni de las nuestras y, seguramente por las razones más sublimes, entona un ininterrumpido canto al cliché.

Considerando películas anteriores de este director uno se pregunta qué se gana siendo rico y famoso… o tal vez yo soy el inocente, o, perdón el independiente, al hacerme tal pregunta. Ya sé que no hay mucho que objetar si la tomas en su alma soft core y de chiste grueso sin consecuencias…

Veo (de qué me extraño) oportunismo y no pensamiento exploratorio -o sea, real pensamiento-. Y si se trata de buenos chistes, veo por las calles de Lima cómicos ambulantes que los hacen mucho mejores… Ellos se merecerían un Oscar, pero son proletarios… como Anora.

(1). En qué sentido. Uno, doble. Y contradictorio. Se quedará, es decir, se seguirá produciendo. No quedará, es decir, el tiempo diluirá su supuesta importancia.

(2). Javier Valle-Riestra. Yo le hubiera recomendado la película Triple agente, de Rohmer, aunque él tal vez estuviera mirando La Marsellesa, o La gran ilusión, ambas de Renoir.

(Columna publicada en Diario UNO)

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