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Cultura

La planilla dorada del Ministerio de Cultura

A pesar de que el Ministerio de Cultura no da resultados como institución del gobierno, los altos funcionarios siguen cobrando jugosos sueldos.

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Ministro Alejandro Neyra, viceministra Ágela Acevedo, Leslie Urteaga y Sectrario Juan Antonio Silva.

El Ministerio de Cultura cumplirá 11 años de creación en setiembre de 2021; durante más de una década no ha cumplido con las principales funciones para lo que fue creado. Carece de estrategias de promoción cultural, no realiza acciones de conservación y protección del patrimonio cultural y no fomenta las expresiones artísticas. A esto, se suma que en el 2020 se convirtió en el ministerio más cuestionado por denuncias de corrupción; uno de los casos más sonados fue el de Richard Swing.

A pesar de ser el ministerio que recibe el menor porcentaje del presupuesto nacional, éste terminó convirtiéndose en una caja chica de la mafia cultural. Los artistas a nivel nacional vienen año tras año cuestionando la inoperancia del sector. Desde su creación, hasta la fecha han sido designados en 16 oportunidades diferentes ministros: cantantes, arqueólogos, antropólogos, actores, abogados, sociólogos y actualmente Alejandro Neyra, un escritor que repitió el plato por tercera vez. Lamentablemente, ninguno de los que ocupó el cargo de ministro de Cultura dio la talla. Todos arrastraron denuncias, lobby, dedocracia y mediocridad.

Siempre que se habla del presupuesto del sector Cultura escuchamos en coro, por parte de los funcionarios: “No hay plata”, y la respuesta para artistas o escritores que buscan apoyo para sus proyectos siempre es: “No tenemos presupuesto”. El sector Cultura, supuestamente se encuentra en época de austeridad, pero cuando se trata de sueldos de los altos funcionarios, jamás existe la austeridad.

De la gran cantidad de millones que se paga, solo en sueldos en el MINCUL, pondremos como ejemplo lo que se llevaron en el mes de diciembre el ministro de Cultura Alejandro Neyra; la viceministra de Interculturalidad, Ángela Acevedo Huertas; la viceministra de Patrimonio Cultural e Industrias Culturales, Leslie Urteaga Peña; y el Secretario General, Juan Antonio Silva Sologuren.

Mientras hay escritores que luchan contra la muerte, como Pedro Novoa, o miles de trabajadores del sector Cultura que no tienen dinero para poder movilizarse, o poner el pan sobre la mesa; en el mes de diciembre el ministro de Cultura Alejandro Neyra cobró un sueldo bruto de S/ 35, 000 soles.

Ministro de Cultura Alejandro Neyra.

Pero, las viceministras que se mantienen desde la gestión de Sonia Guillén (ex ministra involucrada en el escandalo del caso Richard Swing) son Ángela Acevedo Huerta y Leslie Urteaga Peña. Ellas en el mes de diciembre cobraron el sueldo bruto de S/ 56, 000 soles, cada una.

Ángela Acevedo y Leslie Urteaga.

Por su parte el Secretario General, Juan Antonio Silva Sologuren, traído al sector Cultura por el ministro Alejandro Neyra, cobró en el mes de diciembre un sueldo bruto de S/ 50, 000 soles. Solo en el sueldo de los cuatro principales funcionarios del Ministerio de Cultura, en el mes de diciembre se gastó: S/ 197, 000 soles.

Juan Antonio Silva Sologuren.

Entonces, ¿En qué se ha convertido el Ministerio de Cultura? pues, en una caja chica que funciona como una agencia de empleos, donde una pequeña argolla se beneficia con jugosos sueldos del sector público.

Desde su creación, el Ministerio de Cultura no ha tenido un impacto positivo para el país; lo que genera solo es un enorme gasto de millones de soles que se pierden pagando una planilla dorada de diversos funcionarios, mes a mes.

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“Historias al ritmo de Chacalón”, de Fernando Carrasco Núñez

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Hace muchos años, en la década de los ‘80s, por esas cuestiones del azar, caí en la Carpa Grau.  Fue la primera vez que escuché en vivo a Chacalón y la Nueva Crema. Salíamos de un concierto subte por el centro de Lima y rebuscábamos Pisco Vargas o Conde de los Andes o Camino al Cielo.  Éramos un grupo de subterráneos de 18 años caminando por las callejuelas adyacentes a la avenida Iquitos y a ese edificio infame conocido como Palacio de Justicia, noticiados de la venta de estos licores espirituosos en fondas de temida reputación.

Entre empujones, burlas y miradas que pasaban del asombro al achoramiento y del reto al desprecio, los que en aquella época conocíamos como chicheros, observaban nuestras ropas negras, los chancabuques de milico, los pelos parados o muy largos, los rostros desconcertados de muchachos mestizos como ellos, pero cuyos padres tal vez llegaron antes a esta Ciudad de los Culpables que no considerábamos nuestra. Así nos zampamos a la Carpa por unas rendijas, sobornando con media res a un cholo trejo que oficiaba de guachimán. Recuerdo claramente que Chacalón cantaba El Provinciano y cientos o miles o millones de circunstantes, para el caso da lo mismo, se agitaban dando pasitos que mezclaban el rock setentero con la salsa y las notas tristes del huayno serrano.  Hombres y mujeres vestidos con ropas multicolores bebían cerveza por hectolitros y coreaban con hondo sentimiento, soy muchacho provinciano me levanto muy temprano, para ir con mis hermanos, a trabajar, no tengo padre ni madre, ni perro que a mí me ladre, sólo tengo la esperanza, de progresar, busco una nueva vida en esta ciudad…

Recuerdo que el Chato Jorge (tránsfuga de la Universidad de Lima refugiado en la Agraria), subte de Lince y fanático de Echo and the Bunnymen, Siouxsie y Gabinete Caligari, groupie de los aurorales Voz Propia y pata de la gente de Eutanasia, me miró y me dijo, oe Troglo, estos si son subterráneos, huevón… no esos anarco-fumones, borrachos y vagos mantenidos de la Helden o de la Jato Hardcore, esta gente chambea, huevón y sufre de verdad, huevas, este es el verdadero Perú.  Mira, mira, causa, mira ese pogo, dijo señalando a la masa ondulante y ebria: panaderos, mecánicos automotrices, empleadas del hogar, ambulantes, obreros metal-mecánicos, carpinteros, jornaleros, campesinos sub-proletarizados llorando con la estremecedora guitarra del maestro Carballo y la peculiar voz de Chacalón y entonces, sin darnos cuenta, ya nos encontrábamos cantando Qué dolor siente mi corazón…

Papá Chacalón.

Desde ese entonces empecé a escuchar las canciones de Chacalón. Mi barrio de origen era un barrio que se ufanaba de salsero y rockero, en el mejor de los casos, paisanos “decentones” devotos del huayno clásico del Jilguero del Huascarán, Pastorita Huaracina o Picaflor de los Andes, pero nunca propensos a esa “horrible música de serranos achorados” que era como calificaban a la música chicha la mayoría de universitarios e incluso los radicales que habían tomado las armas, quienes repetían cual catecismo: el que habla de razas es racista, el que habla de clases es clasista.

Pocos años después coincidiríamos con Cachuca en los estudios de Filderes en Ingeniería, cuando aún se formaban las canciones iniciales de Los Mojarras y Semilla Nociva pergeñaba las primeras notas de El Poema Anarquista y País Racista.  Para entonces, la realidad del país era otra, pero la música chicha seguía permaneciendo al margen. A pesar de sesudos tratados sobre el tema, a despecho de los intelectuales izquierdosos y de los esnobs que adoptaban la chicharra como emblema, cualquier estilo chichero (luego le dirían cumbiambero para asimilarla a los medios), seguía estando al margen de la ley de los bienpensantes criollos-blancoides, quienes en su temor cerval al indio levantisco asociaban la guitarra rockera-huaynera matizada con raptos de salsa, con el delincuente asaltabancos y el cholo altivo que no cree en nada ni en nadie, ni siquiera en el dios de los cristianos. 

Testimonio esto porque he leído varios comentarios, seguramente bien intencionados, respecto a “Historias al ritmo de Chacalón”,  magistral libro de cuentos de Fernando Carrasco Núñez.  Y un lugar común a estas reseñas es aquél que reza que el libro narra la historia de la Lima marginal, chichera y lumpen. Palabras más, palabras menos, este es el lugar que se está haciendo común para aquilatar la obra de Carrasco.  Craso error de quienes solo ven la epidermis de una obra que auguro será mayor con el tiempo, la madurez y los cojones bien puestos del autor.

Fue Marx quien categorizó a ese segmento de las clases sociales conocido por no dedicarse a actividades productivas, si no a acciones al margen de las leyes del Estado, con el término lumpen-proletariado (lumpen en alemán vendría a ser andrajoso), una subclase inferior incluso a la del proletariado, carente de conciencia de clase y como pretendían ciertos sectores, el perfecto colchón o punto de apoyo de la burguesía para sus fines particulares. 

Una definición más precisa la brinda el propio Marx en el capítulo V (escrito en 1852) de “El 18 de Brumario de Luis Bonaparte”: “Bajo el pretexto de crear una sociedad de beneficencia, se organizó al lumpemproletariado de París en secciones secretas, cada una de ellas dirigida por agentes bonapartistas y un general bonapartista a la cabeza de todas. Junto a roués arruinados, con equívocos medios de vida y de equívoca procedencia, junto a vástagos degenerados y aventureros de la burguesía, vagabundos, licenciados de tropa, licenciados de presidio, huidos de galeras, timadores, saltimbanquis, lazzaroni, carteristas y rateros, jugadores, alcahuetes, dueños de burdeles, mozos de cuerda, escritorzuelos, organilleros, traperos, afiladores, caldereros, mendigos, en una palabra, toda esa masa informe, difusa y errante que los franceses llaman la bohème: con estos elementos, tan afines a él, formó Bonaparte la solera de la Sociedad del 10 de diciembre (…)”.

Pues bien, “Historias al ritmo de Chacalón” (SINCO Editores, 2020) de Fernando Carrasco Núñez (Lima, 1976), contiene algunas historias con personajes y argumentos propios de esa capa social tan temida por los criollos inservibles que se alucinan europeos, pero en conjunto el libro no es un fresco exclusivo de esa Lima lumpenesca, temida hasta la pichi por la izquierda almagrista y la derecha pizarrista, de esa Lima achorada compendio de los hijos del Perú Real, del Perú profundo, ese que le paró los machos al invasor chileno, al reptil Fujimori, al asesino AGP, al traidor Humala y a todos los Regentes que vienen gobernando nuestro país en contra de la voluntad popular manipulada en elecciones farsescas cada cinco años.  Esa Lima que muchos denuestan como lumpen (lo más cercano al lumpen-proletariado serían ahora los mototaxistas reguetoneros o la escoria caribe con estatus de refugiados políticos), esa no es la Lima que he podido percibir en el libro de Carrasco.

Veamos por qué digo todo esto y por qué resulta injusto ese reduccionismo facilista de etiquetar la narrativa de Fernando Carrasco, en particular la desplegada en este libro, como una oda al lumpen nacional, como la narrativa de la marginalidad. 

En primer lugar, los cuentos cumplen con el que tal vez deba ser el único requisito a exigir a cualquier creador: las historias están muy bien contadas, los cuentos son redondos y te mantienen en vilo, te conmueven, te asquean, te deleitan o simplemente te arrancan una sonrisa o una lágrima: este libro, amigos, se lee de un tirón.  No es pretensioso, ni artificiosamente almibarado, no desbarra en rosquetadas experimentales tan queridas por post-modernos de izquierda y derecha.  Desde lo más profundo del tuétano andino barrial, Carrasco chapa su chela, apela al recuerdo, usa su talento, conjura la nostalgia, afila la chaveta y empieza la fiesta de contar una buena historia, deleitando al circunstante, tal como lo hacía cuando entonaba boleros en el fenecido Bar de Ciro.

En segundo lugar, la verdadera narrativa del lumpen peruano, la auténtica narrativa de los marginales es, a mi entender, la narrativa de esos mamertos que se solazan contando historias onanistas de Mirafloresmanta, Sanborjayocc y La Molinamarca,  infradotados que alucinan ser ciudadanos del mundo,  hijos de milicos genocidas, sobrinos de congresistas rateros, entenados de altos burócratas ministeriales, hermanos de políticos de todos los pelajes, gaintelectuales incapaces de conmoverse con el llanto de un niño, marihuaneros sin horizonte, hijos de meretrices de la política lorcha, entenados de empresarios explotadores, escritorzuelos felatrices de Españistán y come-niños disfrazados de periodistas, es decir, el verdadero lumpen que apesta nuestra Patria, todos esos marginales al Perú hirviente de los barrios de un país con más de 32 millones de habitantes, mutantes de una realidad dolorosa, injusta y pletórica de historias que nada tendrían que envidiar al neorrealismo italiano o la narrativa de los jóvenes airados que tan bien contó el británico Alan Sillitoe en La Soledad del Corredor de Fondo, a mi parecer, el texto más inmediato al libro de Fernando Carrasco, vecino de Nocheto, El Agustino.

Cuando Chcalón canta, los cerros bajan.

Y como dicen que para muestra un botón, y como un solo botón sería mezquino, comentaré 3 cuentos redonditos, en donde relumbra la verdadera temática del libro: el racismo y la exclusión, la guerra de clases y la descomposición de una sociedad asentada en cimientos de papel, la habilidad y la honradez de un pueblo que sufre y trabaja sin descanso y sin temor a la muerte.

1. Carehuaco

2. El retorno de Carmela

3. Tú serás la causa de mi muerte.   

Carehuaco

Subtitulado “Llanto de un niño”, como la inolvidable canción de Chacalón, cuenta la historia de un niño que a la tierna edad de 8 años es rebautizado como Carehuaco, apelativo infame que en el Perú puede condenarte al acomplejamiento, al ostracismo y al fracaso.  El pequeño, cuyo nombre no se menciona, es oriundo del puerto de pescadores de Pimentel, en el norte peruano.  Hijo y nieto de pescadores, Carehuaco es el vivo retrato de su padre y es, además, el vivo retrato de los pescadores artesanales peruanos, esos hombres que se hacen a la mar en una chalana en busca del sustento cada madrugada, sin derechos laborales de ningún tipo, condenados por la gran industria pesquera y la contaminación a alejarse cada vez más mar adentro por cada vez menos pescado. El padre de Carehuaco es tragado una madrugada por la mar junto a tres compañeros y los cadáveres nunca aparecen. Aquí comienza la vida del niño norteño en la Ciudad de los Culpables: su madre, imposibilitada de hacerse cargo de 3 niños, decide enviarlo a Lima con sus tíos, mientras ella se queda en Pimentel (Chiclayo), trabajando para mantener a los 2 más pequeños, que ni siquiera pudieron conocer al padre.  Narrado en primera persona por el propio protagonista, quien lleva de la mano al maestro/escritor a través de la historia, este es sin duda alguna el relato más conmovedor del libro.  El personaje principal es un niño que a los 14 años recuerda cómo nació el apodo Carehuaco y cuenta sin complejos ni resentimiento las circunstancias en que surge el apelativo, atizado por la sabiduría y la discreción del maestro/escritor, alumbrados por un juguito de fresa con leche y varios cafés humeantes.   

El desenlace, magistral a mi modo de ver, ocurre cuando la maestra María Chumpitaz Arias lleva una mañana un libro de láminas para ilustrar la clase acerca de la Cultura Mochica.  Después de describir detalladamente los logros de esta gran cultura de la costa norte (arquitectura, hidráulica, la cultura militar y marinera, la orfebrería), la profesora saca de su cartera el libro bellamente ilustrado.  Va mostrando a los niños las imágenes de collares, orejeras, utensilios de oro, máscaras, hasta que aparecen las obras de alfarería: los famosos huaco-retrato.  En ese instante un palomilla grita, ¡Yarlequé, allí está tu cacharro!, y el salón revienta de risa.  Pero Carehuaco permanece impasible, maravillado, observando el huaco-retrato que le resulta tan familiar, que le trae a la memoria el rostro de su padre, el inconfundible rostro de su padre. De un momento a otro, sus ojos se inundan en lágrimas ante el recuerdo: “dirigente de los pescadores de Pimentel, aguerrido, sabio y fuerte como un algarrobo”.  Así era su padre.

La profesora lo abraza y lo saca del salón. Lo reconforta, lo instruye con sabiduría, le insufla amor propio, identidad y autoestima: “me dijo que yo siempre debería vivir orgulloso de mi padre, y, sobre todo, de haber heredado la inteligencia y la belleza de los antiguos moches”. 

Como es natural en Carrasco, este hermoso cuento tiene una banda sonora de amplio espectro.  Desde los gustos musicales de Yarlequé padre (La Paz y la Dicha y Llanto de un niño, de Chacalón y la Nueva Crema, valses, marineras y tonderos, entre los que menciona La Perla del Chira) hasta las canciones que la madre cantaba mientras cocinaba (Nueva Ola, baladas de Juan Gabriel) y los valses de Los Embajadores Criollos que entonaba su padre los domingos, las canciones fluyen como aguas trinas alumbrando escenarios y reforzando episodios.

Otro aspecto a destacar del cuento es la presencia inmanente del maestro/escritor y su bonita agenda de cuero verde. Más allá del fetiche, la presencia del Profe y su elegante agenda de cuero anuncian que el alter ego de Carrasco ya le echó el ojo a una buena historia. Lo demás es trabajo del artista. Carrasco no es un escritor profesional y dudo que quiera serlo.  Carrasco, lo sabemos, es Licenciado en Educación por la Universidad Nacional de Educación Enrique Guzmán y Valle “La Cantuta” y se gana los frijoles como profesor y la literatura, barrunto, la considera como un oficio con el cual interpretar el caos y el desorden de este mundo, que si le permite ganarse unos cobres, bienvenido sea, pero la dimensión psicológica y el despliegue intelectual, la ética y la estética de este volumen de cuentos me impiden pensar que, por lo menos ahora, Carrasco acomode las nalgas para  escribir-corregir–quemar sus naves literarias sólo por la ilusión de agenciarse unos cuantos morlacos.

Un cuento como Carehuaco en épocas de globoidiotización  y cosmopolitismo epidérmico, objetivo de las nuevas izquierdas y las derechas decrépitas, podría parecer a los paladares “finos” un alegato cuasi provinciano.  Pero  no debemos olvidar que se puede ser universal desde lo local, sin haber salido nunca incluso de tu propia manzana, porque como respondió Arguedas a Cortázar, “todos somos provincianos en este mundo, provincianos de las naciones y provincianos de lo supranacional”.

El retorno de Carmela

Carmela, muchacha ancashina, vive en Nocheto (Santa Anita) en un cuartito alquilado.  Oriunda de un caserío de Yungay es enfermera técnica y trabaja en una clínica de Lima.  Cada semana, los viernes por la noche, Carmela aborda un ómnibus interprovincial y enrumba hacia su natal Yungay, tras recorrer cerca de 500 kilómetros remontando la Cordillera de los Andes. Después de la obligatoria visita a la familia, la joven corre desesperada a los brazos de su amante secreta: el Hada Verde.

La técnica que usa Carrasco para narrar la historia demuestra que abundan en su taller literario las herramientas precisas para hilvanar fino.  Por un lado, el punto de vista omnisciente de una tercera persona cuenta a Carmela en remisión apelando al recuerdo para exorcizar las causas que la empujaron al vicio del alcoholismo. Por otro, es la propia Carmela quien detalla su historia a su apreciado profesor del taller de literatura.

Esta técnica usada por Carrasco resulta funcional para el difícil tema del alcoholismo femenino.  Carrasco deja fluir la historia en labios de Carmela, desde que siendo una adolescente se refugia en el licor para librarse del miedo y de la presencia lacerante de un agresor sexual (un familiar cercano venido desde Lima) que intenta someter a una pre-púber Carmela, casi con el consentimiento de su propia familia: Carmela debe enfrentar en soledad este episodio violatorio y el alcohol se convierte en refugio ante la imposibilidad de comunicar y exorcizar con alguien el atentado que sufre siendo niña.  Sin ápice de didactismo ni moralina, nos enteramos a través del desarrollo de la historia cómo la propia de familia es quien introduce juguetonamente a Carmela en el mundo del vicio. Los conocidos cumpleaños familiares, las festividades patronales, las fechas conmemorativas, cualquier pretexto es bueno para, entre bromas, obligar a los adolescentes a probar alcohol y son los propios padres y familiares directos quienes conducen a sus hijos al desbarrancadero donde mora Baco. 

Pero no es el canal familiar el único sendero para llegar a enviciarse con la droga más consumida entre los adolescentes peruanos.  El ambiente amical de Carmela, primero en el colegio y el barrio y luego en el Instituto de Enfermería de Yungay, en donde en contra de cualquier pronóstico, Carmela se gradúa de enfermera (porque era “una borrachita responsable”) y luego la Clínica limeña en la cual recala la protagonista, en todo lugar la muchacha encuentra una pandilla de dipsómanos dispuestos a entablar relaciones íntimas con el Hada Verde, algo que se inicia como un juego divertido y placentero pero termina desarmando el cerebro hasta apagarlo.

Sin embargo, son la vergüenza y el amor propio de Carmela los que la conducen a la decisión de escapar del Hada Verde que la tiene aprisionada y a punto de acabar con la dignidad de su existencia y con su propia vida. Sabemos que el alcohol daña los lóbulos frontales y temporales de la corteza cerebral.  Estas zonas del cerebro son las encargadas de procesos complejos como el control de los impulsos, el ajuste a las normas sociales, la autopercepción en sociedad y los propios comportamientos personales. Es decir, las zonas más importantes para controlar los problemas con la bebida resultan ser las más dañadas por el alcohol y por tanto, a más trago por más tiempo, mayor será el daño infligido al cerebro y al organismo.

Tal pareciera que Carrasco ha vivido la experiencia en carne propia, porque la descripción del período de abstinencia de Carmela, desde que toma la decisión de librarse del Hada Verde —es así como llamaba Wilde al ajenjo, el elíxir espirituoso de 89° preferido por la bohemia del siglo XIX—  hasta el momento en que debe pasar la prueba de fuego en el matrimonio de su hermana, es vívida y real.  Carmela resulta victoriosa y logra mantener la abstinencia: es  joven todavía, se aferra a los recuerdos bonitos de su infancia rural, al cariño de su familia, al recuerdo de su pueblito, a las canciones y el amor familiar que alumbraron sus primeros días.

Ante el espectáculo macabro de la descomposición de la Sociedad Andina (incluyendo en el término a la 100% andina Ciudad de los Culpables), siempre resultará interesante la banda sonora de cada cuento que nos entregue Fernando Carrasco. Porque la sinfonía de las ciudades cosmopolitas e hiper-pobladas constituye el trasfondo de la épica de los mortales comunes que se buscan el sustento diario en sus calles, parques, plazas, mercados y en los más impensables vericuetos.

En este caso, la odisea de Carmela transcurre al ritmo de la cumbia peruana y del huayno moderno.  Acompañan en las diferentes etapas de la odisea de la protagonista los huaynos de Sonia Morales (Perdóname) y Dina Páucar (Volveré), los cuales juegan probablemente una doble función: por un lado, evocan una infancia feliz lejos del mundanal ruido en su Yungay natal, pero por otro, a través precisamente de esa nostalgia, conducen o mantienen a Carmela en el desbarrancadero en el cual Baco celebra eternamente. Escuchamos también las cumbias de Agua Marina (El casorio) y Armonía 10 (Herido corazón, El Cervecero) y las del sempiterno Chacalón, idolatrado en el natal caserío de Carmela por su viejo amigo El Conejo chacalonero y que al ser escuchado en el barrio que le da cobijo en Lima (Nocheto, barrio chacalonero como el que más), la conduce a la añoranza y al deseo irrefrenable de aliviar la nostalgia en el alcohol.

Finalmente es imposible dejar de recordar el famoso poema El Brindis del Bohemio del mexicano Guillermo Aguirre Fierro (Pero en todos los labios había risas/Inspiración en todos los cerebros/Y repartidas en la mesa/Copas pletóricas de ron, whisky o ajenjo), ante el recuerdo de la familia perdida por culpa del vicio y las malas juntas que Carmela rememora en el bus de retorno a su pueblo natal.  La Carmela de Carrasco es el arquetipo de cierta mujer novo-andina, aquella que sale adelante pese a las vicisitudes y pese a que la mujer es más susceptible que el hombre a problemas asociados con el consumo de alcohol, tanto problemas de salud como de dependencia, por no mencionar la vulnerabilidad de una mujer ebria a recibir agresiones sexuales. 

Carrasco en la tumba de Chacalón en el cementerio El Ángel.

Tú serás la causa de mi muerte

Para el común de peruanos el término lumpen carece de significado, les resulta absolutamente desconocido. Incluso para jóvenes universitarios salidos de las canteras de las universidades-pollería de los últimos años, la palabra lumpen o lumpen-proletariado sonará a insulto en alemán o quechueslovaco, algo así como reconchetumare. Pero si les mencionas que el causa en cuestión es palomilla, bandidito, chueco, choro, ladrón, como que los muchachos ya van comprendiendo como es la nuez.  Un causa puede ser choro, pero si no choca con el barrio (como los choros de antaño), entonces el causa es bandidito no más.  Si el causa es un choro (torreja, monse, faite, taita, en fin) que tuvo que colgar los guantes porque lo lisiaron en un enfrentamiento, porque reflexionó en cana o porque vio la luz en algún lugar de culto evangélico, entonces ese choro plantado se dedicará a escuelear a los jóvenes del barrio sobre las inconveniencias de tan finos y elegantes menesteres. Sin embargo, hay otros que no se arrepienten nunca y aun cuando hayan colgado los guantes, mediante el viejo oficio de contar historias, se dedican a trabajar el ingenio y a ser memoria viva del gremio.

Uno de estos “hombres de la noche”, surgido de un barrio del cono este de Lima, es quien cuenta la historia al Escritor Noctámbulo en un bar del centro de Lima, no sin antes advertirle al colega (porque a fin de cuentas ambos son contadores de historias) que lo que va a escuchar es una verdadera historia (no una  historia verdadera): vitalista, callejera, “…no sonseritas de pecho frío, poseras e intelectuales”.

El arte de Carrasco se afina en este relato. El narrador es presentado como un lector impenitente, pero es a la vez un causa trabajado por la vida, un tipo con calle, lo cual le ha permitido entre otras insignias, conseguir joyas literarias a precios irrisorios (Arlt, Hemingway) y hacerse de historias asombrosas. Víctima del extraño vicio de leer caminando, empieza a referir su historia en la particular jerga de los conos de Lima, principiando en una infancia dura y llena de carencias con alusiones concretas al desastre del primer gobierno aprista, a la adolescencia pelotera en medio de los apagones causados por la voladura de torres de alta tensión en los ochentas y aquella canción “Viento” como dolorosa banda sonora de una niñez en la que aprendió a contar ficciones a sus patas del colegio para hacerse invitar el fiambre.  Sin censuras, el narrador oral va indicando al Escritor Noctámbulo los secretos para contar una buena historia, sin desviarse, exagerando un poquito pero haciéndola siempre creíble, sobre todo si  uno es el protagonista, “las cositas claves del escenario y de los personajes, minucias, gestos”.

Resulta curioso, ignoro si ha sido adrede, pero quien haya conversado con un narrador oral de estratos populares, descubre una capacidad increíble para hilar historias, la cual es mayor por la capacidad para improvisar, si el narrador es un individuo carente de preparación académica, si es un contador de historias nato. Esta capacidad nacida involucra actividades cerebrales complejas como recordar, manejar diferentes registros lingüísticos, leer, escribir, escuchar, recrear y componer música inclusive.

Para quienes hemos entroncado nuestro destino con el pueblo, subleva la incapacidad de la juventud actual para hilvanar apenas frases u oraciones inteligibles. Influencia de la televisión y la radio, del lenguaje cibernético y del reguetón vomitivo parido en las máquinas clónicas en el norte de América, los muchachos de estos días, se distinguen por su afasia y su incapacidad para comunicar ideas, emociones y sentimientos.  Pero, si uno se adentra en el corazón de los diferentes estratos de la masa viva, la cosa cambia.

Entonces, en personajes tan disímiles como los que presenta Carrasco, ¿cuál es la índole de la memoria? ¿Sería posible el pensamiento sin lenguaje? Según algunos neuro-psicólogos todos los procesos del pensamiento involucran o están determinados por el lenguaje y la afasia significa la muerte de la cognición.  Según otros, como los seguidores de Jean Piaget, pensamiento y lenguaje son corrientes separadas y creen que el pensamiento puede proseguir en forma inalterada pese a una afasia aguda.

Muchos pensadores han asociado la descomposición del lenguaje con la corrupción o descomposición social. Octavio Paz dice que “cuando una sociedad se corrompe, lo primero que se gangrena es el lenguaje”, Karl Kraus creía que toda depravación de la palabra permite reconocer la depravación del mundo, la prueba de que algo está podrido en la base. Consideraba Kraus que la corrupción lingüística era la causa de la degradación de los pensamientos y las conciencias; según él, las personas que hablan mal y escriben mal también pensarán y actuarán mal.

Carrasco, hijo del pueblo, ha conseguido maridar sin problemas el lenguaje lumpen de la Lima actual (incluida la jerga del hampa), con una prosa elegante y eficaz, carente de barroquismos ociosos.

El relato recorre sin dar tregua al lector escenarios tan disímiles como las cantinas de El Agustino y Barrios Altos, el óvalo de Santa Anita, un local en La Molina y el famoso Bar del Sastre en Nocheto, que es donde se va gestando la historia central del relato:  el viaje del protagonista a Tingo María, en la selva central del Perú, llevando un misterioso Toyota Yaris color guinda, por encargo de gente colombiana metida en “asuntos bien serios”, a través de un viejo conocido del anti-héroe del cuento, un zambo apodado Metralleta. Metralleta es un zambo canero y de poco confiar, famoso además por gilero y recurre al anti-héroe, hijo empobrecido de un antiguo Rey de la Papa abastecedor de las pollerías grandes de Lima, bonanza que le permitió al protagonista estudiar en el CMLP y aficionarse a las armas de fuego, afición que más tarde le servirá para agenciarse de un dinero extra.  Browning, Magnum y otros fierros, con el número de serie bien limado, le permiten ganarse unos cuantos cobres adicionales a su trabajo como taxista en un destartalado Daewoo Tico color amarillo.

De manera increíble, el carro estaba limpio de cualquier tipo de droga, pero era el gancho para endulzar al Chatín (el protagonista-narrador) con el fin de trasladar un cargamento de veinte kilos de cocaína desde Tingo María hasta Lima, en complicidad con un agente del CORAH (un proyecto especial de control y reducción de la coca en el Alto Huallaga, financiado por EU).  Todo está conversado, le van a dar incluso un nuevo DNI y es imposible que algo salga mal. El protagonista se debate en un mar de dudas, pero es pobre y siempre le ha gustado correr riesgos. Recuerda con nostalgia las buenas épocas de su vida, cuando el padre tenía dinero. Su joven mujer está gestando y no tiene seguro social ni un trabajo fijo.  Este segundo viaje le permitirá agenciarse un buen puñado de dólares y, si todo sale bien, armará un negocio en Lima, una bodeguita, tal vez una librería o un pequeño restaurante, lo que sea.  Las dudas atormentan su alma, pero como la primera vez se dice, o todo o nada.

Después de varias vueltas de tuerca magistrales, el desenlace del cuento es contundente e inesperado: Metralleta engaña a los colombianos, “cierra” a los policías cómplices del engaño, se queda con la droga, no le paga al Negro Humo, torturador de los colombianos para lograr el rescate, incluso ha sembrado una leyenda difundida por el Pucarino: ha sido ajusticiado por unos chiquillos lúmpenes del Callao y su cadáver arrojado en un basural de Caquetá. Pero Metralleta no puede engañar al más sapo de todos, al que se la tenía bien jurada, al dueño de la Beretta Magnum.

Colofón

Si esperábamos encontrar en la narrativa desplegada por Carrasco los viejos tópicos alusivos al Ande, apus tutelares, jarjachas terroríficas y wamanis sagrados, nos daremos de muelas contra el pavimento ahuecado, sucio y maloliente de las calles de Lima, mega-urbe en la cual se entremezclan al ritmo de Chacalón los hijos de los migrantes de todo el país, conformando una nueva raza que aún no sublima su más pura esencia por múltiples causales de orden social, político y económico, pero que en el camino irá adquiriendo forja e identidad, tal como lo hacen los inolvidables Carehuaco, Carmela, Jacinto y Eliseo, los Once Chavetas, los habitúes al Bar del Sastre y qué duda cabe, el personaje principal de todos los cuentos: el inconfundible Profe y su boina y zapatos marrones, pantalón beige y agenda de cuero verde, regalo de Carmela. Es el Profe quien logra arrancar con su sabiduría, cariño y paciencia las potentes historias a los personajes más disímiles como los que hemos disfrutado en los siete cuentos de Carrasco. 

A manera de epílogo anotaré que a lo largo de este hermoso volumen de cuentos permanece latente y dolorosa la herida principal que desgarra a la sociedad peruana real, no esa que se cuentan entre ellos mismos los malcriados ahijados del Marqués Lorcho. Comenzando por el niño norteño marginado con esa aleve maldad infantil por otros como él mismo, debido a las facciones de su rostro pre-hispánico, hasta el equipo de fútbol de los Once Chavetas, cruzando por la joven Carmela (huanuqueña, huaracina, huancaína, yungaína, puneña, con toda justicia neo-limeña) recuperada del alcoholismo por su fuerza de voluntad y el amor familiar, este volumen de cuentos arranca el velo con el cual el capitalismo de alta intensidad (implantado violentamente en el Perú hace casi 30 años) pretende ocultar nuestros rostros: seguimos todavía a una distancia sideral del pretendido paradigma integrador y optimista que planteara el Inca Garcilaso de la Vega hace más de 4 siglos. Ese sueño integrador de Garcilaso, convenientemente defendido por los que disfrutan de las gollerías de un sistema económico y un orden social injusto, asesino de las ilusiones de un pueblo de “hombres que aman y luchan llevados por un cruel destino”.

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Cultura

Artplace: artistas exponen sus obras en la primera galería virtual de arte en Perú

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Artistas de diversos países se vienen sumando a un proyecto digital llamado Artplace. Esta iniciativa se trata de la primera galería de arte virtual en Perú que propicia al público: pinturas, esculturas, fotografías y tallados. Este espacio busca posicionarse como uno que brinde oportunidad de expansión y reconocimiento de obras artísticas, facilitando la adquisición de ellas de manera rápida y directa.

En el año 2020 se dio a conocer Artplace. Inició como parte de una solución ante la pandemia para artistas y usuarios amantes del arte, teniendo un contexto donde millones de personas pueden relacionarse con otras gracias a la diversidad de medios digitales que hoy existen, independientemente de su país de residencia, decidieron utilizar esta oportunidad para no tener como impedimento el tema de barreras de espacio y tiempo sobre la difusión de obras artísticas.

Asimismo, la creación de la galería se realizó en un accionar de propiciar el arte de manera expansiva y apoyar al sector de la cultura en general. Es así que se enfrentaron contra una situación donde muchas industrias de arte eran pocas conocidas o no contaban con el espacio merecedor para exponer cultura artística. Artplace iniciaría con ese principal propósito, el de hacer más expansivo este rubro.

Actualmente, Artplace cuenta con 15 artistas de talla nacional e internacional, entre ellos: Harry Chávez, Carlos León, Paco Calderón, Soledad Tomairo, Olfer Leonardo Fernandez, Silvia Mariella Aguero Di Liberto, Daniel Paz, Domingo Mendoza, entre otros profesionales con talentos artísticos. En sus obras se expresan tendencias como el impresionismo, paisajismo, abstractismo, retratismo, artes plásticas, tallados en vidrio y madera, y mucho más.

La promesa de Artplace con los artistas

La visión de Artplace es conseguir más artistas que busquen mostrar su arte de manera innovadora a miles de personas, y generar experiencias agradables para quienes aprecian obras artísticas. Sin duda, este proyecto permite reducir costos con los que normalmente tienen que asistir una galería física, convirtiéndose de manera extraordinaria en un beneficio para usuarios y los profesionales artísticos.

Puedes encontrar más información sobre este revolucionario marketplace de arte en su página web, plataforma donde exponen de manera concreta todas las obras de los artistas. De igual forma, cuenta con otros canales de comunicación como Instagram y Facebook, donde comparten contenido de valor para su público.

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Cultura

“Un minuto de silencio”, el homenaje sonoro a los fallecidos en pandemia

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Nunca habíamos deseado con tantas fuerzas que un año tan nefasto como el 2020 acabase. Pese a hacer múltiples esfuerzos para contrarrestar el impacto del coronavirus en nuestras vidas y abrazar con ímpetu a los nuestros, finalmente muchos perdieron la batalla. En ese sentido, Radio Cuartel Tv propone guardar “Un minuto de silencio” por esos corazones que ahora brillan en el cielo. El nuevo single del laboratorio creativo —y ahora musical— ya está disponible en todas las plataformas de streaming.

“Un minuto de silencio” se ha ido construyendo por un largo tiempo entre diferentes artistas e ideas fecundadas desde los cánticos de una barra futbolística, precisamente del cántico que el club de fútbol Universitario de Deportes dedica al Club Alianza Lima luego de la tragedia del “F-27”, la cual enlutó a todo un país en los años 80’s, pues el avión donde viajaban los futbolistas de Alianza Lima se estrelló en el mar de Ventanilla, dejando con vida solo al piloto de avión. Sin embargo, la canción tomaría un sentido mucho más relevante con el devenir pandémico, y la lamentable situación de despedirnos de seres cercanos, a quienes rendimos minuto de silencio a modo de homenaje en su honor.

“Un minuto de silencio” es una canción que habla de la muerte en su sentido más natural, tiene mística desde las trompetas iniciales que representa a muchos héroes anónimos que tenemos en el mundo, no solo en el país. Y a su vez, es multicoral porque cada instrumento tiene su momento y con mucha personalidad saben acompañar la canción”, comenta Pa’ati Uth, fundador del proyecto.

Radio Cuartel Tv nace en 2009 como “El Cuartel”, un espacio alternativo multidisciplinario que tuvo lugar en San Borja, el cual, con el tiempo evolucionó hacia lo intercultural y digital, involucrándose con Aguarunas y Wampis para hacer una radio película bilingüe, así se ha ido regenerando en esencia y objetivo hasta convertirse en lo que son hoy: Un laboratorio creativo de contenido digital con experiencia radiofónica y cinematográfica, sumando a este la música, iniciando respectivamente con: “Esta Noche” su primer single.

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Cultura

José Luis Ayala Olazával y el mundo mágico de la literatura

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José Luis Ayala Olazával nació el 24 de setiembre de 1942 en Huancané, pueblo hispano-quechua-aymara. Su bisabuelo fue el coronel Félix Olazával Romero, defendió el honor patriótico del Perú en 1879 frente a la Guerra con Chile. Es biznieto de Juan Ayala Catacora, a la vez biznieto de Juan Basilio Catacora Heredia. De niño escuchó estos nombres que han formado su memoria. Hijo del maestro huancaneño Juan Luis Ayala Loayza y de la dama moheña Leonor Olazával Angles, ambas familias de origen mestizo vasco y aymara. 

José Luis Ayala Olazával es un destacado cronivelista, poeta y transgresor de géneros literarios. Condecorado por su prolífica obra literaria. Ha publicado 78 libros, 20 libros inéditos. Le falta escribir 2 libros para llegar a los 100. Publicó una antología general de su poesía en dos tomos. No tiene tiempo para pensar en la muerte. Ha sido señalado por la crítica literaria como un escritor total y multifacético. 

En el Parque Pino de Puno: José Ruiz Rosas, José Luis Ayala y Pacha Jatha Willka.

La poesía es su oficio esencial, abarca y alienta sus libros. Escritor aymara con 65 años de oficio. Cofundador de la Promoción Intelectual “Carlos Oquendo de Amat” de Puno. El poema sinfónico: “Zorro, zorrito”, tiene la composición musical de Edgar Valcárcel Arze. Además, dio conferencias y recitales en Berlín, París, Madrid. Participó en el l Encuentro de Poetas y escritores latinoamericanos de Santiago de Chile. Invitado a la Feria Internacional del Libro de Turín (Italia), a la XIX Festival Internacional de Poesía en Medellín y al VI Festival Internacional de Poesía de Nicaragua. 

Es esencialmente un escritor nato, dotado de un calificado talento para desarrollar diversos temas ya sea en ensayo, cuento, novela, poesía, crítica, teatro y periodismo. Su vocación vanguardista lo ha llevado a transgredir los géneros literarios, de modo que ha escrito cronivelas, antinovelas, kipuemas, solemas, etc. Además ilustra sus poemas con grafías y alegorías que provienen del mundo andino.  

José Luis Ayala ofreciendo una lectura de poemas de su libro “Celebración del Universo”.

De niño estudió primaria en escuelas rurales donde su padre fue profesor, de modo que aprendió aymara y es uno de los más destacados poetas que escribe en ese idioma. Esa es la razón además por la que ha realizado el más importante texto: “Cultura y literatura aymara”. Su libro más destacado en aymara es “Jumanpi samkasiña”, “Soñar contigo”, editado por la Asamblea General de Rectores. 

Su trabajo en el periodismo es sumamente importante debido a que ejerce la crítica literaria y comentarios culturales, generalmente referidos a libros más importantes. Ha sido docente y funcionario público en el Tribunal Agrario y el Jurado Nacional de Elecciones, pero esas actividades no le han restado tiempo para una permanente acción literaria creadora. 

Crítico del sistema educativo peruano, adscrito al proceso de descolonización de la cultura dominante y permanente polemista en referencia al canon oficial. Sus trabajos de ensayo sobre historia, lo han llevado a plantear la necesidad de fundar la República Andina. Es decir, tratar de hacer realidad la utopía social para que el Perú, llegue a ser una nación integrada por todas las culturas vivas.   

Su vocación vanguardista lo ha llevado a transgredir los géneros literarios.

Me complace de modo especial señalar que la compilación de datos, textos, comentarios y juicios personales sobre la vida y obra del celebrado poeta José Luis Ayala Olazával, ha sido una tarea ardua, rigurosa, meticulosa y sistemática. De esa manera es posible visualizar, cada vez mejor, la trayectoria literaria de un personaje ilustre como paradigmático del departamento de Puno, que este año cumplirá 79 años de edad.   

José Luis Ayala Olazával es uno de los más notables exponentes de la literatura peruana. Se han ocupado de su trabajos literario críticos literarios como Roland Forgues, Antonio Melis, Ricardo González Vigil, Mauro Mamani Macedo, Dorian Espezúa Salmón, Edgar Montiel, Riccardo Badini, Gonzalo Espino Relucé, Feliciano Padilla Chalco, Jorge Flores-Áybar, Alfredo Herrera Flores, Julio Ortega, Jaime Chumbita, Carolina Ortiz, Rosina Valcárcel, Roger Rumrrill, Eduardo González Viaña, Manuel Pantigoso Pecero, etc.  

Muchos peruanos no conocemos todas las obras literarias del célebre escritor puneño José Luis Ayala Olazával, debido a su frondosa producción literaria. En nuestro caso hemos tenido acceso a las más importantes que ahora son inhallables. Es importante decir algo más en este preámbulo: La doctora y catedrática de la Universidad Austral de Chile, Giovanna Iubini Vidal, ha publicado recientemente el libro “Vanguardia andina, migrancia y heterogeneidad textual: Hacia una poética de lo cósmico en Cábala para inmigrantes de José Luis Ayala”. Se trata sin duda alguna de un trabajo serio, sustantivo, crítico y ubica al libro “Cábala para inmigrantes”, en el curso de la más importante poesía del siglo XX en el Perú. 

José Luis Ayala Olazával y Arturo Corcuera Osores.

Desde una óptica de la valoración literaria, habría que insertar al multifacético escritor puneño José Luis Ayala Olazával dentro del contexto de la literatura latinoamericana del siglo XXI. Pues se trata de un escritor total y figura emblemática que ennoblece las páginas de la Historia de la literatura del siglo XXI. Es además el más importante poeta que ejerce meritoriamente como el más renombrado poeta aymara de la literatura peruana. 

Por todas etas razones, los críticos, académicos, intelectuales, escritores, docentes, estudiantes, lectores en general, coincidirán conmigo en que sus obras literarias, contiene lo mejor que ha producido el más importante escritor peruano de cronivelas y antilavenos como es José Luis Ayala Olazával. 

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Cultura

¿la reconquista del Perú o su propio descubrimiento?

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Llegamos sin pausas pero sí con mucho desorden y desencantos, a este fenómeno que los historiadores se empecinan en denominar “Bicentenario de la Declaración de la Independencia”, un título bastante rimbombante que no encaja con nuestra precaria realidad, siempre tan dependiente de entidades externas como el Banco Mundial, o  entre otros factores ajenos,  la subida y bajada del dólar, unidas a una falsa identidad que no sabemos cómo asumir, porque por un lado nos decimos “cholos” pero despreciamos a quienes proceden de los pueblos andinos y selváticos y queremos anularlos. Y por el otro, aún lloramos la conquista de España, olvidando que la mitad de nuestro ser, lleva su ancestro. Y mientras tanto seguimos divagando inventando fórmulas de gobierno que no nos ayudan a progresar, que retrasan el desarrollo, porque van de la mano de una indignante corrupción.

¿Y cuándo fue?

Una de las primeras declaraciones oficiales de la Independencia fue el 27 de noviembre de 1820 desde el ahora histórico balcón de Huaura. Que en realidad solo lo fue para esa parte del distrito y provincia de Huaura. Estando en Lima, José de San Martín lanzó su famosa proclama: “Desde este momento, el Perú es libre e independiente” , sin embargo no fue así pues el General José de la Serna aún se hallaba en Cusco y no salió del Perú hasta 1825, después de la Capitulación de 1824 como analiza la investigadora de Arte, Gabriela Lavarello Vargas (Presentación No 120, complemento del 114) quien sostiene además que no tenemos un Acta de Independencia, sino un Acta del Cabildo limeño, firmado por personalidades criollas.

España recién reconoció nuestra Emancipación en 1879, a través del Tratado de Paz de París, siendo los firmantes, por España el monarca Alfonso XII y por Perú los arequipeños, Luis La Puerta y Mariano de Goyeneche.

Un pintor no despinta

Los artistas, son siempre los hombres y mujeres testigos de su tiempo, de ahí que no nos sorprenden sus comentarios y descubrimientos. GONZALO GARCÍA CALLEGARI, es uno de ellos.

Este pintor tiene la particularidad de combinar animales y humanos, creando una sugestiva sucesión de figuras sacadas de alguna leyenda semi urbana,pero esta vez decidió meterse en la Historia, tratando de explicarse y explicarnos el significado y sentido del Bicentenario.

Con esta idea expondrá la muestra “La Reconquista del Perú” a partir del 29 de enero hasta el 28 de febrero en la Sala SIETE SETENTA (770) del Centro Cultural Ricardo Palma, en Miraflores.

Utilizando su arte, nos acerca a la tecnología digital, los vericuetos de la cultura consumista, dominación política y a nuestra propia crisis respecto a lo que es, a su necesidad o inutilidad en sociedades tan cambiantes como las nuestras.

Gonzalo García Callegari (Lima, 1971) es un artista que ha transitado múltiples espacios nacionales e internacionales desde que egresó de la Facultad de Arte de la Pontificia Universidad La Católica. Esta vez vuelve a otra individual siendo su propio curador, manager y organizador.

Con nosotros, el artista y sus interesantes opiniones acerca del Bicentenario.

¿Desde cuándo te dedicas a este tipo de creaciones? tienen mucho de teriomorfismo, aunque parecen ser sobre todo híbridos de humanos y animales.

Desde hace varios años me ha interesado la relación entre los animales y los seres humanos.  Y en 2018 hice toda una muestra sobre este tema titulada “Canción Animal”, en donde los animales se mimetizan con los humanos y de alguna manera toman el control sobre ellos (esta serie estuvo basada en la novela “Rebelión en la granja” de George Orwell).  Es un tema muy recurrente en la historia del arte universal, y yo trato de darle una mirada propia.

¿Qué te llevó a hacer un retro en la Historia del Perú y utilizar de manera caricaturesca personajes íconos?

Desde el año 2010 vengo investigando en la Historia del Perú a través de series de trabajo que tocan diferentes aspectos de la misma: nuestro pasado, nuestra idiosincrasia, personajes icónicos, nuestra clase política, momentos históricos importantes, etc.  Lo de la caricatura viene primero porque es la manera en que últimamente vengo dibujando a la persona humana, de una manera esquemática, es el resultado de una evolución natural en mi dibujo.  Y también porque para esta serie me he basado en los dibujos de Guamán Poma de Ayala, que son muy caricaturescos de por sí.  Yo he tratado de mantener el mismo “espíritu” en el dibujo, un poco buscando el humor y la ironía, que atraviesa toda mi propuesta.

¿Qué significó viajar a España? ¿Te encontrarte con parte de nuestros ancestros?

Cuando se me presentó la oportunidad de ir a España para hacer una residencia artística, me planteé hacer algo que tuviese que ver con la historia de los dos países.  Y decidí contar la historia de la Conquista del Perú, pero desde mi punto de vista, a mi manera, con mucho respeto pero también con sarcasmo y de una manera muy lúdica.  La serie fue presentada en una feria de arte contemporáneo en Madrid, por donde pasan miles de personas en un fin de semana, y fue muy interesante ver las distintas reacciones de la gente.  La mayoría de esas reacciones fueron positivas, hubo una que otra persona que se sintió ofendida, aunque después de escuchar mi explicación ya entendían lo que estaba tratando de decir.  Toda la experiencia fue como “reconquistar al conquistador”, pero de una manera figurada y artística.  El conocer a la sociedad española “desde dentro” fue muy enriquecedor, pues uno se da cuenta que muchos de los problemas que nos aquejan son los mismos que ellos arrastran desde hace muchos años también.

¿Es importante revisar los textos históricos? el tema ahora es el del llamado bicentenario. ¿Cuál es tu visión del Perú en este segundo centenario?

Es sumamente importante revisar los textos históricos.  Una cosa es lo que a uno le enseñan en el colegio (donde se privilegia la memorización de fechas y personajes) y otra muy distinta es beber de las mismas fuentes, y descubrir que la historia es muy distinta de la que uno suponía.  Uno descubre que los problemas del Perú han sido los mismos siempre, desde mucho antes de la Independencia, y los errores se repiten una y otra vez.  Nuestra clase política nunca ha estado a la altura de las expectativas y el resultado es el país que tenemos, un país fracturado, con muchísimas diferencias, en donde hay distintas categorías de ciudadanos y lleno de corrupción y delincuencia.  El Bicentenario es un momento para mirar atrás, aprender de los errores y de una vez por todas mirar hacia el futuro con objetivos comunes que nos lleven a desarrollarnos, pero sin excluir a nadie.  Para mi el verdadero reto del Bicentenario es encontrar la fortaleza y el desarrollo partiendo de nuestra diversidad, que es nuestra mayor riqueza.

El juego es una actividad desestresante, ¿utilizas la pintura con ese motivo?

El juego es algo que me interesa mucho.  Es a través de él que el ser humano aprende a relacionarse con el mundo, lo que se ve de manera muy clara y evidente cuando somos niños.  Y el juego es algo que siempre estará ligado con la creatividad.  Sin embargo, no veo a la pintura como un juego, la veo más como una labor.  Me veo como alguien con un labor diaria, con un deber, y esa labor y ese deber es hacer arte las 24 horas al día, los 7 días de la semana.

¿Por qué escogiste hacer una exposición presencial en medio de esta crisis pandémica? ¿No apuntas por las virtuales?

Esta serie no estaba pensada para ser exhibida en Lima en un primer momento, pero se presentó la oportunidad y la tomé, ya que me parece importante que la ciudadanía entre en contacto con la obra artística de manera física, presencial.  Y si es en el año del Bicentenario, pues mucho mejor.  Lo virtual es interesante pues abre todo un abanico de posibilidades, pero nunca podrá reemplazar al hecho de pararse frente a un cuadro y reflexionar frente a él.  Esa experiencia es irremplazable.

¿Qué plantearías al Ministerio de Cultura para continuar con la movida artística en el país, tan venida abajo con la crisis que vivimos? ¿Cómo se podrían activar este tipo de actividades?

Yo egresé de la Universidad Católica en el año 1998, y desde ese tiempo hasta ahora, no veo ningún esfuerzo de parte del Estado para impulsar las artes plásticas a través de una política coherente y de largo plazo.  Existen uno que otro intento, pero duran muy poco pues cambian al ministro o al gobierno y todo vuelve a como estaba antes.  No existen una visión coherente  sobre lo que es el arte contemporáneo, todo se concentra en temas de coyuntura y en una visión cortoplacista de las cosas.  Es muy triste decirlo, pero ya no espero nada del Estado Peruano en este punto, solamente que no ponga trabas a mi trabajo.

¿Cuáles son tus propias propuestas? ¿se puede vivir con lo que tú haces?

Tengo muchas inquietudes en lo que se refiere a mi trabajo.  Mi cabeza nunca deja de dar vueltas alrededor de ideas y proyectos que poco a poco se van concretando.  Algunos toman más tiempo que otros, y probablemente me falte vida para hacer todo lo que quiero hacer en cuanto al arte se refiere.  Sí se puede vivir del arte, es un camino incierto y muy difícil, de muchos sacrificios, requiere de muchísimo esfuerzo, pero si es tu pasión y crees firmemente en él, nadie puede detener eso.  La crisis para mí ha sido un momento de mayor introspección.  En ningún momento dejé de crear.  Los primeros meses de la cuarentena me dediqué a dibujar mucho y a planear lo que se serían los siguientes meses y años desde mi casa.  Luego, cuando ya se podía salir, cogí mi bicicleta y me fui a mi taller a seguir produciendo. 

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Actualidad

En busca de la resiliencia social

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El Dr. César Garcés Carranza PhD ha señalado que la actual pandemia de coronavirus también tiene efectos negativos en la salud mental, creando cuadros de ansiedad, depresión y angustia. Definitivamente, hoy más que nunca vemos la necesidad y relevancia de la educación emocional de las personas, desde la infancia, niñez y adolescencia, con la finalidad de forjar su carácter y personalidad, así como cimentar valores éticos y humanos, reforzando la resiliencia o capacidad para enfrentar las situaciones adversas.

En los últimos años, varios especialistas han señalado la importancia de la “educación emocional”, así como la formación del carácter y la personalidad de los niños, así como la estabilidad psicológica. La Organización Mundial de la Salud (OMS) señala que «la salud es un estado de completo bienestar físico, mental y social, y no solamente la ausencia de afecciones o enfermedades».

El bienestar de la persona, su adecuado manejo emocional, el control de su carácter, la ecuanimidad y serenidad, sin perder el espíritu crítico y de aprendizaje vivencial, son la base del bienestar social que actualmente está severamente afectado.

En su libro Inteligencia emocional, Daniel Goleman (1995) define la inteligencia emocional como “la capacidad de reconocer nuestros propios sentimientos y los de los demás, de motivarnos y de manejar adecuadamente las relaciones con los demás”. Asimismo, “resiliencia” implica la capacidad para la autorreflexión e identificación de las propias emociones con la finalidad de regularlas de forma apropiada. En ese sentido, opina que la inteligencia emocional es más importante que el coeficiente intelectual del individuo.

Si las emociones son clave en la vida, definitivamente en el Perú no estamos tomando en cuenta esta premisa, debido a que –según lo plantea Goleman–, “el cerebro emocional responde a un acontecimiento más rápido que el cerebro racional”.

En el contexto de la pandemia, los esfuerzos para implementar las vacunas contra el coronavirus y las predicciones de cuándo la mayor parte de la población las recibirá, parece haber una luz al final del largo y angustioso túnel pandémico. Sin embargo, dado que los riesgos físicos se manejan mejor con vacunas, lo que probablemente aún permanecerá es el impacto indeleble de la pandemia que pesa sobre la psiquis colectiva.

También debemos señalar que existe un rechazo a las vacunas contra la covid-19 que se ha disparado en el Perú. La principal razón que exponen los ciudadanos antivacunas representados en un 52% del total es que “aun no se conocen todos los efectos secundarios que podría tener la vacuna en el organismo”. Y sorprendentemente el 48% de los encuestados asegura que no se vacunaría si pudiese hacerlo hoy en día, frente a un 48% que sí se inmunizaría contra el coronavirus indica la más reciente encuesta de Ipsos.

La Comisión Permanente del Congreso de la República por unanimidad (26 votos a favor), aprobó el dictamen que declara de necesidad e interés nacional, priorizar como política de Estado, el fortalecimiento y desarrollo de los servicios de promoción, prevención, tratamiento y recuperación de la salud mental.

La presente ley tiene por objeto priorizar la salud mental a fin de fortalecer, proteger la salud y el desarrollo de los servicios de promoción, prevención, tratamiento y recuperación de la salud mental, así como el bienestar de la persona, su medio familiar y de la ciudadanía en general.

Es necesario que el Estado peruano y la sociedad se preocupen en desarrollar estrategias para la formación de la “inteligencia emocional” de las personas sin distinción alguna, con la finalidad de que los individuos desarrollen “resiliencia”, es decir adaptación a situaciones adversas o frustrantes, para que logren salud mental y equilibrio emocional y sean personas que puedan aportar al desarrollo de la sociedad.

(*) Escritor, poeta, editor y sociólogo. Presidente del Instituto Peruano de la Juventud (IPJ) y director de Editorial Río Negro.

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Cultura

Julio Abelardo Luza Gironzini, poeta del vanguardismo puneño

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Julio Abelardo Luza Gironzini nació el 09 de junio de 1945 en la revolucionaria ciudad walawala de Huancané y murió el 24 de enero del 2014 en la legendaria e histórica Ciudad Blanca de Arequipa. Es hijo de Heriberto Luza Bretel, autor de las letras del Himno a Huancané y de Betzabeh Gironzini de la Vega, insigne dama huancaneña, casado con la Socióloga Edy Marcia Romero, con quien tuvieron dos hijos Betzabeh del Carmen y Abelardo Luza Romero.

BIENVENIDA. Julio Abelardo Luza Gironzini fue recibido en el Instituto Nacional de Cultura de Puno.

Estudió primaria en distintas escuelas rurales, debido al trabajo de su querido padre el Profesor Heriberto Luza Bretel, entre ellas, Caritamaya, Chocco y Acocollo, la secundaria lo realizó en el Colegio Nacional Varones de Huancané, luego estudió Educación en la Universidad Católica de Santa María de Arequipa, habiendo seguido estudios de Derecho, Lengua y Literatura en la Universidad Nacional de San Agustín de Arequipa y Antropología en la Universidad Nacional del Altiplano de Puno.

Julio Abelardo Luza Gironzini se introdujo en la poesía mediante un concurso de declamación poética en la secundaria con motivo del “Día de la Madre”, cuya competencia le permitió leer poemas de César Vallejo, José Santos Chocano, Martín Adán, Carlos Oquendo de Amat, Pablo Neruda, Gabriela Mistral, entre otros. No está demás señalar que la ciudad blanca de Arequipa le dio oportunidad de mayor desarrollo literario, abriéndole muchas puertas. En la década del 60 empezó a leer en la librería “Trilce”, a los poetas arequipeños y a los poetas malditos de la Literatura Universal.

RECITAL. Poetas de la Generación del 70 ofrecieron lecturas de poemas en distintos lugares del Perú.

Desde esa época desplegó una gran actividad cultural, participando en el Coro Polifónico de la Universidad Nacional de San Agustín, en los concursos de la Asociación Nacional de Escritores y Artistas, siendo ganador en 1968. Fundó la Agrupación Universitaria de Danzas y Música de la Universidad Católica de Santa María de Arequipa, demostrando garbo y nostalgia de Puno, por lo que agregó las danzas puneñas.

En 1969 conoce al poeta Max Neira González, con quien trabajó en la revista cultural “Jornada poética”. En 1973 trabajó como promotor cultural en el INC de Arequipa. En 1977 es nombrado director del INC de Puno, permaneciendo en el cargo hasta 1987. Desde allí apoya al folklore, trasladando el “V Congreso Nacional del Folklore” a la ciudad lacustre de Puno juntamente a la Federación Folklórica Departamental de Puno, con quienes iniciaron reformas de conceptualización y organización del folklore puneño. También propició el Primer Programa de Turismo Vivencial en las Islas de Taquile en Puno, habiendo recibido el Reconocimiento de la Federación Folklórica Departamental de Puno por su participación y colaboración, así como el Reconocimiento del Fondo de Promoción Turística por la labor realizada en favor del folklore regional de Puno.

Fue miembro del Instituto Americano de Arte de Puno, desarrollando intensa actividad cultural, por ejemplo, la consolidación del grupo de danzas de la Escuela Regional de Bellas Artes, con quienes realizaron giras culturales en el sur del país. Paralelamente desarrolló actividad pedagógica en el programa de Perfeccionamiento Magisterial del Ministerio de Educación y fue director del Instituto Pedagógico Privado Hispanoamericano de Arequipa.

HERMANOS. Adrian, Julio Abelardo y Heriberto reunidos en la ciudad blanca de Arequipa.

Tiene en su haber dos ediciones de “Tambores pluviales”, “Las manos vacías”, “P’ukuy”, “Canto coral al Apu Poqopaca”, “Homenaje al Che”, “Dos poemas, un canto”, “Homenaje a Javier Heraud”, “Monografía de Huancané”, “La sangre grita”, “Tierra íntima”, “Elogio a la danza”, “Verdad y hablar”, “Monografías de Lampa”, “Investigación Educativa. Una alternativa para la calidad”, “Eternidad y canto”, “Hermenéutica del K´hori Chawlla”, “Impertinencias y tertulias”, “De la memoria y el tiempo”.

Ha recibido la Mención Honrosa del Concurso “César Vallejo” de la Municipalidad Provincial de Arequipa, el Primer Premio de Poesía del Concurso Regional de Trabajadores de la Administración Pública de Arequipa, el Reconocimiento del Instituto Nacional de Cultura de Arequipa, del Club Departamental Puno de Arequipa, de la Municipalidad Provincial de Puno, de la Asociación de Huancaneños Residentes de Arequipa, del Ministerio de Industria y Turismo de Puno y del Gobierno Regional de Arequipa.

Del mismo modo recibió el Diploma de Honor de la Ciudad de Arequipa por sus 30 años de actividad intelectual y cultural. Entre otras distinciones, en tanto que el poeta, ha recibido el Diploma de Honor en Mérito al Comité Nacional del Centenario del Nacimiento del Doctor Manuel María Núñez Butrón “Jatun Rijchari”. En las “Bodas de Rubí” de la Universidad Católica de Santa María de Arequipa, le reconoció por ser fundador del Ballet Folklórico de Danzas. Fue declarado Hijo Predilecto por la Municipalidad Provincial de Huancané.

Sus poemas están publicados en El Pueblo de Arequipa, Los Andes de Puno, Revista Kitipthansa de Juli, Revista de la Escuela de Lengua y Literatura de la Universidad Nacional de San Agustín de Arequipa, Revista Mistiana y Jornada de Arequipa, El Contemporáneo de Argentina y Tebaida de Chile.   

Como dijera José Luis Ayala Olazával: “Tambores pluviales de Julio Abelardo Luza Gironzini, es el libro maduro de un poeta de corte esencialmente vanguardista que ha sabido preservar su personalidad literaria. La vanguardia se hizo carne con César Vallejo y Carlos Oquendo de Amat, ahora se acrecienta sin lugar a dudas con Luza Gironzini, es a la vez una continuidad y renovación en la poesía que siempre busca nuevas formas de expresión estética”.

Por esta y otras razones, la Biblioteca Municipal de Huancané lleva el nombre de “Julio Abelardo Luza Gironzini”, debido a su talento, ejercicio lúdico y lenguaje poético propio, se sitúa como uno de los importantes poetas puneños. Además representa la madurez intelectual del pueblo huancaneño, que durante muchos años batalla con fe por conquistar la plenitud de sus derechos.

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Cine

Estreno de Ganga Narayana (2021), de Mario Castro Cobos

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Mario Castro, realizador y crítico de cine, estrena en Lima Gris (y de manera gratuita) su séptimo largo independiente y experimental en 4 años: su tercer largo en tiempos de pandemia, y el primer largo peruano que se estrena en este año de elecciones generales y del bicentenario con vacunas.

Ganga Narayana, de Mario Castro Cobos (Perú, 2021, 71 min). A través de una cámara inmóvil o en perpetuo movimiento, de voces en off, pantalla en negro o en imágenes mudas o locuaces, la vida, la muerte, el cambio, en una palabra, la transformación, se hacen presentes de manera constante. Ganga Narayana significa, en sánscrito: ‘aguas en movimiento del Ganges’.

Aquí puedes ver Ganga Narayana (2021):

Aquí puedes ver Adentro hay un loro (2020):

Aquí puedes ver Animales perdidos (2020):

Aquí puedes ver Cuaderno de notas (2018), Gracias por la donación (2019), Descartes (2019, en codirección con Carlos Benvenuto) y Agujero (2019):

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